viernes, 31 de julio de 2026

Postales desde el verano 2026: Reservando plaza en el agua



Todavía faltaban doce días para el eclipse.

Elia sacó el teléfono, abrió la aplicación y miró el mapa del futuro eclipse. Comparó la posición del sol de ese atardecer con la que tendría el sol el día 12. Desde aquí se verá. ¿Y dentro del pantano?

Mete las gafas especiales en una bolsa impermeable, se puso el arnés y se deslizó sobre el agua.

Movió un poco la tabla hacia la izquierda, luego un poco más hacia el centro del embalse. Midió con la mirada la altura de los árboles de la orilla opuesta. Ahora el sol se hundía despacio detrás de la línea del horizonte. El cielo se había vuelto de un naranja profundo, y se quedó inmóvil, calculando de nuevo si desde ahí la totalidad del eclipse se verá al completo. No era el día todavía pero el embalse ya le había confirmado que desde el agua se vería perfecto.

Guardó el móvil, dio una última brazada suave y dejó que la tabla girara sola, mirando cómo el sol se desvanecía. doce días y Elia ya tenía su sitio reservado.




 

jueves, 30 de julio de 2026

POSTALES DESDE EL VERANO 20232: La iglesia de San Miguel en Ayllón

 














En la plaza Mayor de Ayllón se encuentra esta pequeña joya del románico, construida en el siglo XII, que merece postal propia de este verano.

Se trata de un templo románico tardío, ya en transición hacia el gótico que conserva un bonito ábside semicircular, decorado con capiteles de motivos vegetales y una colección de canecillos que sostienen una curiosa cornisa trenzada. Pero si hay algo que llama especialmente la atención es la balconada del atrio, construido todo ello en el siglo XVI, y su portada con rosetones de inspiración bizantina, motivos en zigzag y los característicos ajedrezados que tanto nos gustan de este estilo. La finalidad de la citada balconada no era otra que la de servir a los miembros del cabildo eclesiástico como excepcional mirador para asistir a los festejos taurinos, que en esa época se celebraban en la plaza.

Del interior poco queda de la decoración original pues fue desacralizada en 1902. Los retablos y cuadros desaparecieron con el paso del tiempo, pero todavía podemos encontrar un excepcional sepulcro de alabastro que sirvió de enterramiento para María Álvarez de Vallejo y su marido, Pedro Gutiérrez, secretario y tesorero de los marqueses de Villena.

Hoy la iglesia ha cambiado de función, pero no de protagonismo. Su interior se utiliza para conciertos, exposiciones y representaciones teatrales