martes, 21 de julio de 2026

POSTALES DESDE EL VERANO 2026: El perro solo mira


Una poza entre árboles, el agua fresca y transparente, las risas que se mezclan con el rumor de la corriente y ese instante preciso en el que Isabel ha decidido, sin pensárselo demasiado, que el mejor camino para entrar en el río es volando. Un rato de libertad total, mientras unos esperan su turno, otros ya están refrescandose en el agua.

Un perro mira desde la orilla y parece pensar que "otra vez estos locos tirándose al agua como si no hubiera un mañana… aunque… si alguno me tira un palo, a lo mejor me animo”.

lunes, 20 de julio de 2026

POSTALES DESDE EL VERANO 2026: Atasco en la montaña




Hay fotografías del Everest que impresionan por las colas que se forman para alcanzar la cima. Una interminable hilera de personas, detenidas a pocos metros de la cumbre, esperando su turno en la inmensidad del Himalaya.

Y luego está esta fotografía. No es el Everest. Es el Urbión.

Allí arriba, sobre las rocas, también hay una pequeña fila de montañeros esperando para acceder a la parte más alta del pico. Una especie de «atasco de montaña», versión soriana. Evidentemente, las comparaciones terminan ahí. Subir al Urbión no exige aclimatarse a la altura, enfrentarse a un ochomil ni jugarse la vida. Pero hasta las montañas más modestas pueden tener sus momentos de masificación.

 

domingo, 19 de julio de 2026

POSTALES DESDE EL VERANO 2026: La guerra de las cruces




Subíamos hacia el Pico Urbión y me dio por comentar que había leído que la cruz retorcida y un tanto desaliñada de su cumbre había desaparecido, que la habían vandalizado y retirado como había ocurrido con la del Aneto. El caso es que conforme divisábamos la cima, la cruz se iba recortando en el cielo. Un bulo más de los que te hacen tragar cada día, y si no tienes posibilidad de desmontarlo, te hacen posicionarte en tu trinchera intolerante.

Es entonces cuando una de esas "cuñadas viajadas" que uno tiene te cuenta que en Suiza sus montañas están llenas de cruces, que en los Alpes, la cruz no se percibe como una declaración política o una imposición religiosa, que tan solo forma parte de una tradición que las incorporan al paisaje. Vamos, que por muy viajera y montalera que sea tampoco nos cuenta nada nuevo que no sintamos los que no hemos salido de España y si me apuras del Pirineo, que nosotros también veiamos así la del Aneto, la de la Peña Oroel... esta del Urbión.

Las cumbres son un lugar de encuentro. En ellas se dejan señales del paso de los montañeros: nombres grabados en una roca, placas, piedras amontonadas, mojones, vértices geodésicos y, sobre todo, cruces.

La cruz en la cima de una montaña no tiene por qué ser solo es un símbolo de fe, para muchos es un recuerdo de quienes subieron antes; para otros, simplemente forma parte de una tradición y una celebración que lleva generaciones acompañando a quienes miran hacia las cumbres.

Pues parece que algunos no lo ven así.  En los últimos meses, especialmente en el Aneto, hay quien considera que una montaña no debería convertirse en el lugar donde se imponga ningún símbolo, especialmente religioso. Y ahí comienza la guerra. Unos colocan cruces y otros las retiran. Unos las restauran y otros las derriban. Aparecen nuevas, desaparecen las antiguas…

Discutimos en las cumbres como discutimos en las redes sociales y en los parlamentos. Convertimos los símbolos en trincheras y olvidamos que una montaña no entiende de polarizaciones. Cuando llego a una cumbre y encuentro una cruz, prefiero verla allí: no como una imposición, sino como una huella de quienes estuvieron antes que nosotros.