Todavía no ha llegado el otoño.
En el calendario aún faltan algunos días, pero los árboles ya te avisan. Y
el jardín de la Portilla de Comillas siempre nos lo recuerda.
La casa permanece allí, casi escondida, pero no ajena al cambio, porque también las casas tienen
estaciones. Al menos esta, que ya añora el verano de ventanas abiertas, las
tardes largas y las voces que llegaban desde el jardín.
No es todavía otoño. Pero ya se puede reconocer su llegada. Primero cae una
hoja. Después otra. Y, cuando queremos darnos cuenta, el verano ya se ha ido.
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