Hay años que recordamos por un aniversario
celebrado, por el estreno de un nuevo paso, por algo unido a tu biografía o
vivencia personal. Muchos por suspensión o alteraciones de la procesión debido
a la lluvia, por el frio padecido… Este 2026 quedará en la memoria por los condicionante
provocados por la fuerza indomable del viento.
En una ciudad donde el cierzo
forma parte del alma zaragozana, y cuya presencia hemos aguantado, sin estar
invitado, en demasiadas ocasiones, este año se convierte en protagonista. Tanto
que no solo incomoda, sino que condiciona, alterando actos y recorridos y
poniendo en jaque a los cortejos. Los capirotes se agitan, las túnicas,
mantillas y terceroles se arremolinan y los cirios ni siquiera se intentan
encender porque sería imposible mantener la llama en un pulso desigual contra
el viento.
Este Martes Santo continúa siendo
el de las procesiones con los estandartes tumbados, el de modificación de
recorridos, el de alterar apariciones, el de redoblar esfuerzos empujando pasos
o sujetando guiones. Y en la medida de lo posible evitando aquellas avenidas y
esquinas del cierzo, donde este impone todo su poderío.
Como hacen “los Despojados” en la parte final
de su viacrucis evitando la plaza del Pilar. O la Piedad no queriendo pasar por
la Puerta del Carmen, en el traslado del Cristo del Refugio, a cuya entrega
acudieron el presidente de Aragón y la alcaldesa de la ciudad.
A “la Verónica” no le queda otra
que recorrer el paseo María Agustín, pero tiene que dejar de pasar por la calle
Ossau debido al desprendimiento de tejas en la esquina con la calle Estébanes.
Si va a la procesión de la Dolorosa camino del Encuentro, su habitual el no pasar por
estas calles ya estaba previsto, el recorrido había sido modificado al
querer celebrar el IV Dolor en la plaza Santa Cruz.
Creo que es la segunda vez que
uso la palabra “desprendimiento” en estos días. Una palabra de lo más habitual
en la prensa cuando se lían con dos cofradías. Así que escribamos bien lo que
viene ahora. El Descendimiento decide no portar los guiones de la Buena Muerte
y de la Congregación, ni los faroles de la Buena Muerte y unir la tercera y
cuarta lágrima en Santa Engracia. Así no pasan por el Coso, recorriendo desde
la plaza de España Don Jaime, Espoz y Mina, Manifestación y concluir la
procesión en una iluminadísima por ellos plaza de San Cayetano.
El cambio más significativo y
lógico fue el decidido por “la Crucifixión”, que la Virgen de los Ángeles en su
Tristeza se incorporase a las procesión en la Plaza de la Seo para el acto del
Stabat Mater con el canto del de Pergolesi, evitando así cruzar el puente de piedra tras el viacrucis por el
barrio Jesús. La Virgen fue trasladada desde el museo del Rosario de Cristal
hasta la plaza de la Seo incorporándose para continuar el resto de la
procesión. La noche no colaboraba, pero este acto en la plaza de la Seo merece
ser más conocido y acompañado. Emotivo, y con presencia del delegado del
Gobierno fue la estación rezada en la plaza de la Esperanza en el lugar y como recuerdo
de las víctimas del atentado contra la casa cuartel de Zaragoza de 1987.
Año muy especial para “la Crucifixión” en su 75 aniversario, que celebraremos
todos el Jueves Santo en torno al nuevo paso del “Enclavamiento”.
Ni la procesión de la Oración en
el Huerto, con todo su cortejo desplegado en torno a los tres pasos, los
tambores y la banda de Villanueva de Gállego, no el viacrucis de “la Eucaristía”
en torno al Cristo del Perdón y el sonido de los Ministriles por las calles del
Perpetuo Socorro, sufrieron modificaciones en el recorrido. Ni Conde de Aranda
y el Coso, para la primera son negociables, ni la Avenida Goya para la segunda
es evitable.
Un intenso Martes Santo, distinto,
marcado por el cierzo, que tal vez ha hecho ver menos público en las aceras,
pero que no ha evitado que la plaza de San Cayetano, en las despedidas de las
imágenes estuviera abarrotada de gentío, expectación y emoción. Hasta se ha
reconquistado la fuente de la Samaritana.


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