Aunque la Cuaresma no concluye
hasta el Jueves Santo, el “cuaresmeo” va llegando a su fin. Siempre ávidos de
que el calendario se llene de todo tipo de actos de “cultura cofrade” a los que
acudir, a uno le queda la sensación de que este 2026 ha sido más parco en citas
deseadas, dejando demasiados huecos en la agenda.
Luego te pones a repasar, y solo
viendo las publicaciones y folletos que has acumulado en el escritorio, ves que
la cosecha no ha sido tan escasa como parecía, aunque sí más dispersa.
Hemos tenido nuestra dosis de
conferencias, desde aquella dedicada a Carlos Palao, celebrando los aniversarios
del Prendimiento, a las realizadas en las jornadas de la Junta Coordinadora.
También unos cuantos conciertos, y no nos podemos quejar de presentaciones de
publicaciones con el Cuadernos de Investigación Tercerol, que llega a su número
21 y las revistas Ziudad Cofrade en su tercera año y Semana Santa de Zaragoza
que alcanza ya las 26 ediciones.
Pero si hasta hemos tenido la bendición
de un nuevo paso de misterio; el del “enclavamiento” por parte de la cofradía de
la Crucifixión. El acto más importante de los acontecidos en esta Cuaresma, como
ya pasó en los últimos años con las presentaciones de pasos en “la Verónica” y
en “la Columna”. Una “puesta de largo” que tiene tanto de celebración como de
reafirmación de cofradía. Con una dimensión artística donde se nos explica el
proceso creativo y el significado estético del conjunto, y una dimensión cultural
que contextualiza el paso dentro de la tradición, la historia de la cofradía
y, en general, de la Semana Santa de la ciudad.
Hemos calificado la oferta como
dispersa, tal vez por que nos ha faltado una exposición de referencia, a pesar
del buen número de aniversarios que acontecen. A última hora llega la noticia
de que La Asociación y Colegio Profesional de Periodistas de Aragón ha
inaugurado la exposición “La mirada rompedora de José Antonio Duce:
medio siglo de Semana Santa zaragozana”, que reúne una selección de 15 fotografías,
con diversas técnicas y enfoques, realizada por el propio artista. Se
podrá visitar hasta el 21 de abril, en horario de lunes a viernes de
10 a 14 horas. Lunes y miércoles, también de 17 a 19 horas en la sede de la
Asociación de Periodistas en la calle Cinco de Marzo
Duce fue el autor de los carteles
de los años 1974,1982, y 1983, además de portada de muchos suplementos de
Semana Santa en el Heraldo de Aragón.
Y también en el último momento
hemos tenido la presentación del libro La música en la Semana Santa de Zaragoza
durante el siglo XVIII y hasta los Sitios. Una nueva publicación de Carlos
González Martínez que vive este 2026 en un estado de fecunda intensidad,
encadenando publicaciones y artículos con oficio y pasión. Al menos, en lo
concerniente a nuestra ciudad y de Semana Santa, encontramos artículos suyos en
el Tercerol nº 21 y en la revista Ziudad Cofrade; y ahora en este libro.
El libro ha sido publicado por
Rolde de Estudios Aragoneses dentro de su colección Cuadernos de Cultura
Aragonesa, y desarrolla y completa el capítulo que ya dedicó a este periodo en La
Música en la Semana Santa de Zaragoza, publicado en 2020 por la Asociación
para el Estudio de la Semana Santa.
Y así, este libro ahonda en sus
últimas investigaciones en el Archivo de
Música de las Catedrales de Zaragoza, que conserva buena parte de la producción
local de los maestros de capilla zaragozanos, como en bibliotecas y archivos catedralicios,
parroquiales o pertenecientes a diferentes congregaciones y hermandades, contextualizando
un buen número de obras compuestas para el entorno de la Semana o conocer las
funciones promovidas por congregaciones y hermandades en iglesias, monasterios
y conventos de la ciudad.
Se presentó el lunes 23 de marzo en la iglesia de San Pablo de Zaragoza con un
pequeño concierto. El órgano de San Pablo, con Luis Antonio González Marín desde
la consola, alternando manuales y pedalero mientras moldea el sonido con los
registros, lo invade todo. Las notas se expanden por las naves y nos envuelven
a los presentes, sentados frente al coro, en una atmósfera densa, profunda y
casi fuera del tiempo.
Y para terminar los Ministriles
de Zaragoza, llenan el espacio de una conversación, donde los metales dialogan
con precisión, en la que se percibe tanto la maestría de los intérpretes como
la textura sonora de épocas pasadas, recuperando alguna de las composiciones más antiguas de la Semana Santa zaragozana,
entre otras, el uso de la "música sordina".
Una buena forma de poner el punto
final a este “cuaresmeo 2026” y enfilar la inminente llegada del Viernes de
Dolores.
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