El Santo Entierro acabó en Sábado
Santo; no se si alguna vez lo había hecho tan tarde. Tuvo un discurrir curioso,
pues a la cabeza de la procesión le costó realizar el recorrido mas de tres
horas y media, mientras que el final de la comitiva apenas lo hizo en tres
horas. Y para los que participamos por los últimos puestos de la procesión, los
parones habituales los tuvimos en los primeros tramos, especialmente en la
calle San Vicente de Paul, en vez del acostumbrado atasco en Espoz y Mina y
Manifestación.
Por San Cayetano aún no había
terminado “el entierro”, y por el monasterio de la Resurrección se estaba
iniciando otro. La Muy Ilustre y Antiquísima Cofradía del Santo Sepulcro de
Nuestro Señor Jesucristo vuelve a procesionar diez años después con su Cristo Yacente.
Cambio a horario nocturno y nos cuentan que, con un itinerario de lo más
acertado, por las viejas calles de la Seo acompañados de la Banda de Cornetas y
Tambores de San Pablo.
Tampoco ha terminado esta
procesión y “la Dolorosa” inicia a la una la de la Soledad desde San Felipe a
San Cayetano. Una procesión lineal, que no tiene interrupciones, de iglesia a
iglesia. Abriéndose las puertas en San Felipe para el estandarte, cerrándose
las de San Cayetano tras la entrada del último cofrade.
Estas puertas volverán a abrirse a
las 10 de la mañana para proceder al culto al Cristo de la Cama. Sería una
bonita manera de continuar el relato que la Virgen de Palao, siempre presente
en la escenificación del Sepulcro de San Cayetano, fuera la protagonista de esa
procesión de la Soledad como lo fue entre 1987 y 1994. Sencillo y colorido el
montaje de este año, donde el color de los mantos y las flores centran la
atención de quienes acuden.
Y en esta mañana de visitar
sepulcros, aquí acude ahora la Congregación de Esclavas desde San Pablo. La
carroza de la Virgen luce en una mañana esplendorosa. Cada vez nos gustan más
las procesiones por las mañanas; especialmente cuando vienes de estas noches pasadas
que no han resultado del todo agradables.
De ahí al Boterón. Vuelve a sonar
en esta Semana Santa el Stabat Mater de Zoltan Kodaly que nos retrotrae una vez
más a tantos y tantos “encuentros” vividos. A las puertas del monasterio de la
Resurrección emerge primero como un susurro, apenas perceptible, flotando en el
aire de la mañana de este Sábado Santo que hoy, por fin, sentimos de primavera.
Las esclavas de la Congregación
con sus túnicas y velos negros guardan respeto alrededor del paso de la
Dolorosa. El estandarte se balanceaba suavemente. El corazón bordado,
atravesado por una espada, parece latir con cada acorde, respondiendo al dolor que la música
evoca, provocando el silencio reverente de la gente, algo que los tambores
nunca pueden conseguir. Las campanas sí.
Y en este Sábado Santo
zaragozano, donde duplicamos “entierros”, “soledades” y “sepulcros”, la salida hacia
la Vigilia Pascual a las 21,30 desde San Cayetano de las cofradías, que a lo
largo del día han rendido pleitesía al Cristo de la Cama, vuelve a poner orden
en el relato de la Pascua, que aún se cerrará mejor con la procesión y el
encuentro glorioso de la Hermandad de Cristo Resucitado.


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