Queridos amigos de la Hermandad de Cristo Resucitado y Nuestra Señora de la Esperanza:
Mi más sincero agradecimiento por
el honor que me habéis concedido al nombrarme pregonero de la Semana Santa de
Zaragoza, un privilegio que nunca podía haber imaginado.
Debo agradeceros la confianza
depositada en mí, así como el cariño que habéis demostrado hacia mi persona y
el que habéis provocado en muchas personas y cofrades que me han transmitido,
tanto en público como en privado, su alegría por esta designación.
Espero haber cubierto las
expectativas generadas y haber estado a la altura de lo que este encargo
representa y haber podido transmitir con palabras, la emoción, la devoción y el
profundo sentimiento que la Semana Santa despierta en todos nosotros.
Por la tribuna en la plaza del
Pilar las más de las veces, o en iglesias como San Miguel, Santiago, Santa
Engracia, Santa Isabel o la del Carmen, han pasado cardenales, arzobispos y
obispos, teólogos, políticos, médicos, abogados, periodistas, historiadores,
profesores universitarios… un amplio elenco de pregoneros de lujo el que ha
tenido nuestra ciudad. Cada uno de ellos supo dar al pregón su impronta y el
carácter de su formación, labor o profesión. Sin embargo, en este 2026, lo ha
hecho un cofrade; que tampoco es el primero que lo hace.
¿Qué se puede contar que no se
haya contado ya? Difícil, pues la Semana Santa es lo que es, y cuenta lo que
cuenta; hoy y hace 50 años. El pregón de hoy ha intentado ser el que un cofrade
espera oír, con guiños y voces que el cofrade entiende, pero sin olvidar que
también va dirigido a los “profanos” en la materia.
Y por eso el pregón se ha desarrollado como si fuera una procesión, transmitiendo esas emociones que sentimos antes de que se abran las puertas las iglesias, cuando le damos la mano al que tenemos al lado, cuando buscamos con la mirada al que procesiona con nosotros desde siempre y le deseas “buena procesión”, momentos antes de oír marcar la marcha de salida y el murmullo calla, el redoble toma la palabra y comienzan a salir los estandartes.
A partir de aquí el pregón se ha
llenado de referencias continuas a elementos propios de las procesiones, de hábitos,
de pasos y carrozas, de atributos y música, de nombres de marchas, de cruces in
memoriam y de nuestros espacios cotidianos.
Porque las escenas sagradas las sacamos
de catedrales, de basílicas, de antiguos conventos, de grandes o pequeñas
iglesias. De parroquias de barrio o del centro de la ciudad. También de
colegios o incluso de un palacio para convertir el espacio cotidiano en un
lugar de catequesis y que el mensaje de la Pasión y Resurrección llegue a todos
a través del sentimiento y el simbolismo.
Sin nombrar a ninguna cofradía,
todas ellas aparecen implícitas en la lectura; solo hay que buscar la
referencia, a veces muy clara, otras tal vez algo escondida, pero que todos
sabremos encontrar, especialmente cuando el pregón invita, como si estuviéramos
viendo el Santo Entierro, a buscar en todos los pasos actitudes frecuentes en
nuestro día a día, y así cumplir con esa premisa que siempre anunciamos de que
las procesiones son una catequesis pública que convierten la ciudad en un
evangelio abierto.
Cada paso, cada talla está
contando algo: el dolor, la traición, la duda, el miedo, la violencia, la
amargura, las angustias, la tristeza, la muerte y la soledad… pero tambien la confortación,
la fraternidad, el perdón, la solidaridad, el valor, la piedad, el consuelo y
la esperanza. Nos ponen delante la realidad más humana y cristiana.
Por eso el pregón también sirve
de confesión porque cuanto más la vivo, a veces me hace dudar. Al vivir la
Semana Santa esta me confronta y también termino mirándonos a nosotros mismos.
La Semana Santa que nace y crece
en nuestras cofradías tiene muchas caras. No es una sola realidad, ni ofrece
una única manera de vivirla. Es diversa, compleja, profundamente humana. Es la
suma de miradas distintas, de vivencias personales, de formas diversas de
acercarse a un mismo misterio.
¿Pero de verdad hace falta tanto
alarde y tanta riqueza para celebrar la fe y la Pasión de Cristo? ¿Un Cristo
que vivió con sencillez y murió despojado de todo?
No necesitaríamos exhibir nuestra
fe de esta manera, porque esta no busca
el aplauso ni el reconocimiento, pero que entretejemos con la tradición, la
cultura y la expresión colectiva para que encuentre en la calle una manera de
expresar lo que no siempre sabemos rezar, o decir con palabras, de hacer
visible una creencia que se vive desde dentro y que, al salir, debería invitar
a todos, creyentes, no creyentes o “ateos por la gracia de Dios” que decía el
de Calanda, a detenerse, respetar y comprender.
Porque no todos la sentimos del
mismo modo, ni nos gusta todo ni lo mismo, pero todos la reconocemos como
nuestra. Un mosaico de motivaciones que no vivimos igual, pero que la seguimos
construyendo y nos gusta compartir.
Y quizá no se trate de
comprenderla del todo, sino de aceptarla en esa pluralidad de motivaciones. De
entender que esa diversidad de miradas la engrandece. Que en esa suma de
miradas y sensibilidades se refleja la verdadera esencia de nuestra Semana Santa.
Esta Semana Santa de Zaragoza acogedora, como es la ciudad, que hace suya
maneras e identidades traídas de otras regiones de España.
Y somos capaces de acoger porque,
como esos viejos árboles, tenemos raíces profundas que nunca debemos olvidar, y
que debemos seguir cuidando. Unas raíces que arrancan de un Santo Entierro, con
más de 400 años de historia y a la que las cofradías le debemos lo que somos y
lo que tenemos, dando sentido a lo que hacemos.
¡Vivela! decía el lema del cartel
de 2022, y es que para comprender la Semana Santa de las cofradías hay que
vivirla, y a eso nos invita cada año este pregón. Vivamos pues esta Semana
Santa de 2026 con recogimiento, respeto y fraternidad, manteniendo viva una
tradición que nos une como ciudad para que siga siendo reflejo de fe y de
compromiso compartido. Y continuemos con nuestros sonidos de procesión,
anunciando a nuestra manera el mensaje de estos días santos, pues como dijo mi
amigo “si el redoble es sincero, no es redoble, es oración”.
Hermandad del Cristo Resucitado y de Nuestra Señora de la Esperanza, y en su nombre su Hermano Rector y amigo Carlos Pardo; recibid mi más sincero agradecimiento y un afectuoso saludo camino de la Pascua de Resurrección.



.jpg)


.jpg)