lunes, 14 de septiembre de 2026

POSTALES DESDE EL VERANO 2026


Todavía no ha llegado el otoño.

En el calendario aún faltan algunos días, pero los árboles ya te avisan. Y el jardín de la Portilla de Comillas siempre nos lo recuerda.

La casa permanece allí, casi escondida, pero no ajena al cambio, porque también las casas tienen estaciones. Al menos esta, que ya añora el verano de ventanas abiertas, las tardes largas y las voces que llegaban desde el jardín.

No es todavía otoño. Pero ya se puede reconocer su llegada. Primero cae una hoja. Después otra. Y, cuando queremos darnos cuenta, el verano ya se ha ido.


 

domingo, 13 de septiembre de 2026

POSTALES DESDE EL VERANO 2026: El verano comienza a irse


"El Sanedrin" de la playa disfruta de sus últimas horas de sol y arena. Le gustaría seguir alargando el verano, pero ya no quedan días para hacerlo. Los telediarios desde el 21 de agosto van poniéndole fin, y hasta Pedro Sánchez ha vuelto de sus vacaciones. Pero las del Sanedrín saben que el verano no termina cuando se va la gente. Termina cuando empiezan a desaparecer las sombrillas de la playa.

Durante semanas han estado allí, una junto a otra, mirando al mar. Han soportado el sol de agosto, la arena, las toallas mojadas, los libros que nadie terminó de leer y las conversaciones que empezaron por la mañana y se alargaban hasta la tarde.

Lo contaba Julio José Ordovás, panadero de la Magdalena en su columna del Heraldo. “La playa es la máxima expresión del materialismo. La glorificación y la globalización de la carne. La democracia de las tetas caídas y de las barrigas cerveceras. El igualitarismo de las chanclas made in China y de los bañadores made in Bangladesh. Un placer pasivo e impune”.  Y el tanga es la abreviatura del verano. Y a todo esto “el Sanedrín” le ha sacado punta

Pero hoy esto se pone serio. Todavía queda gente bañándose. Todavía hay niños en el agua. Todavía alguien camina descalzo por la orilla. El mar sigue exactamente en su sitio. Mañana quizá quede alguna sombrilla, pero no será la nuestra, tampoco la del Sanedrín. El verano todavía está ahí, pero ya ha empezado a irse.


 

sábado, 12 de septiembre de 2026

POSTALES DESDE EL VERANO 2026: La casa que espera

 A La “abuela” Angelita le gusta esta casa y siempre ha fantaseado con comprarla. A Angelita la conocemos hace casi 30 años y ya entonces la casa estaba abandonada. La colina le separa de la playa, pero al menos enfrente tiene la marisquería Alfredo, y eso, a estas alturas de su vida, casi valora más que bajar a la playa.

La casa lleva mucho tiempo esperando a alguien que no llega. Tampoco lo hace Angelita. Y así, con el paso de las décadas la pintura se ha ido desprendiendo de las paredes, la carpintería envejeciendo, el tejado hundiéndose, y las hierbas ocuparon el jardín que desaparece bajo la maleza.

La casa tiene ese aspecto de lugar detenido, solo el árbol introduce algo vivo que ha permanecido allí durante generaciones y que ha visto llegar, crecer y marcharse primero  a los habitantes de la casa y luego a los que imaginan ilusionado comprarla.

viernes, 11 de septiembre de 2026

POSTALES DESDE EL VERANO 2026: El fotografo del faro


Desde casa se le veía llegar cada mañana, a la misma hora. Subía las escaleras del viejo faro del puerto y dirigía la cámara hacia la playa. El mismo faro. El mismo horizonte. El mismo mar. La misma hora. La misma playa.

Un día el mar estaba tranquilo. Otro, enfadado. Con bajamar o pleamar. A veces aparecía un barco. Cambian las nubes, la luz, las mareas, las personas que pasaban por el paseo, que pasean por la playa, que se bañan en el mar. La misma fotografía, que nunca es la misma.


 

jueves, 10 de septiembre de 2026

POSTALES DESDE EL VERANO 2026: Un banco con vistas al palacio


 La foto captura bien la atmósfera del lugar: un día nublado típico del norte, aunque de estos apenas ha habido este verano, el césped verde, el banco solitario y la imponente arquitectura neogótica del palacio de Sobrellano.

El banco de hierro forjado invita a sentarse y contemplar. Pocas veces se muestra la campa vacía. Cuando no hay turistas está el mercadillo de los viernes, cuando no un concierto, unas jornadas deportivas o demostraciones folclóricas. Se agradece encontrarlo así en esta tarde que amenaza lluvia. Por fin.

El verano se irá en breve y llegará el silencioso y ligeramente melancólico otoño que ya anuncia la postal de hoy: un día gris, un banco vacío, un césped abierto y un palacio que parece flotar entre la niebla.