que también se van al cielo,
todos los negritos buenos.
Pintor si pintas con amor,
¿por qué desprecias su color,
si sabes que en el cielo
también los quiere Dios?
Para los cientos de personas que
abarrotaban las naves alrededor de la Santa Capilla, este momento, tras “la
Novena” del día 11, genera una de las atmósferas de mayor fervor, recogimiento y emoción
contenida de todo el año en torno a la Virgen del Pilar.
El gran órgano de la basílica hace
vibrar los cimientos del templo con los primeros y familiares acordes del himno
provocando que los presentes, al unísono, rompan a cantar:
«Virgen Santa, Madre mía, luz
hermosa, claro día...»
No importa cuántas veces lo hayas
escuchado. Miras a tu alrededor y ves lágrimas contenidas, caras de emoción,
hombros que se estrechan y miradas de profunda gratitud clavadas en la columna
sagrada.
«Este pueblo que te adora, de
tu amor favor implora y te aclama y te bendice abrazado a tu Pilar...»
No es solo un himno; es el abrazo
de una tradición colectiva en la víspera del día del Pilar que hay que
preservar porque la gran mayoría de los asistentes que sostienen el canto del
Himno a la Virgen del Pilar, año tras año, se están haciendo mayores.
Que ganas tiene Cayetana de ver a
Morante el viernes y el sábado. Sin olvidarse del de Biota, de Aarón Palacio,
pero a este le ha visto muchas veces. Y si ya salieran por la puerta grande a
la calle...
Quienes sí que han salido por la
puerta grande son los gigantes y los cabezudos, como tiene que ser. La primera
salida, la del primer día tiene que ser desde el Ayuntamiento. Y luego llévatelos
donde quieras.
Y ahí tenemos a Goya junto a
Josefina Bayeu, aunque con la edad que representa igual pegaba más Leocadia
Zorrilla. Sergio del Molino en su libro "La hija" nos ha pintado a
Leocadia como la figura de la última pasión, de la intimidad final, del afecto
más libre y personal de su vejez. Lla mujer que comparte su soledad, su
amargura y sus últimos años, y madre de Rosario.
Bueno, el caso es que ahí está el
de Fuendetodos como siempre con cara de enfado. No me extraña. No terminó bien
con el cabildo y ahora esta ciudad le monta dos museos en la misma plaza.
Angelillo de mayor quiere ser “cabezudo”.
Y cuando sea mas mayor “gigante”. Aunque no conozca la zarzuela sabe que “p’al
Pilar sale lo mejor” y no se pierde ninguna salida de la comparsa. Bueno, ni “p’al
Pilar”, ni para las fiestas del Arrabal, de San José, de Delicias o de las
Fuentes. Ni siquiera las de Caseta. Allí donde hay cabezudos tienen que
llevarle. Y ya tiene ganas de que le suelten para que le “encorran”.
Y con lo pequeño que es y con lo
que le gustan, es todo un ortodoxo en cuanto a las tradiciones. Él se alineaba
con la inicial postura del Ayuntamiento de no autorizar las salidas de las
comparsas de los barrios durante el Pilar para preservar la singularidad y la
identidad de la comparsa oficial de Zaragoza. Es un pequeño monstruito; un
cabezudo con corazón de gigante