Me vienen conexiones, pensamientos divergentes a partir de la estupenda conferencia con la que se abrieron las jornadas culturales de la Junta Coordinadora en este 2026 y posiblemente me vaya por las ramas, pero va a ser una buena excusa para paliar una deuda que se tiene contraída con una escultura.
Carlos Pardos, Javier Jerez y Víctor Carazo desarrollan una aleccionadora conferencia bajo el título “De Jorge Albareda a Víctor Carazo: Cincuenta años con el arte aragonés”. La Hermandad del Cristo Resucitado y Nuestra Señora de la Esperanza, además, por si no te has enterado de ser la organizadora del Pregón 2026, está conmemorando el 50 aniversario de su fundación, que va unido al de su talla titular, realizado por Jorge Albareda en 1977.
La conferencia versa en torno a la saga Albareda, la familia
de escultores e imagineros que desde mediados del siglo XIX son referente
destacado de la escultura en Aragón, receptores de encargos públicos y
religiosos, donde desarrollaron imágenes y conjuntos escultóricos de fuerte
carácter simbólico. DE ellos nos dicen que sus obras combinan tradición y personalidad propia,
manteniendo un equilibrio entre el respeto por la iconografía clásica y una
interpretación más contemporánea. Y de esto son un claro ejemplo las dos
imágenes de los pasos de la hermandad citada. Y a estos pasos ahora hay que
añadir las cartelas realizadas por Víctor Carazo, de ahí el título de la
conferencia.
Si en la carta anterior hacíamos mención a que la “dolorosa”
del Prendimiento, obra de Carlos Palao, puede ser la única (a expensas de concretar la autoría de la
de las “esclavas”) realizada por un escultor zaragozano, y que Carazo es el
último imaginero zaragozano (y no zaragozano) con obra entre nuestros pasos con el de Cristo abrazad a la Cruz y la Verónica, en
esos cincuenta años que van desde Albareda a Carazo, solo encontramos a Rafael
Ochoa.
Es verdad que junto a él debemos nombrar a Francisco Rallo,
que aunque nacido en Alcañiz, su taller estaba en Zaragoza y sus calles dan
buena muestra de su trabajo. En los años 80 realizó una réplica de la imagen de
Jesús en Getsemani del desaparecido Convento de Jerusalén, y con
ella procesionó algún año la cofradía de la Oración en el Huerto. También debemos mencionar a
Daniel Clavero, que aunque nacido en Granada, desde los 14 años vive en
Zaragoza y suyo es el paso fundacional (1992) de la cofradía de Cristo
abrazado a la Cruz y la Verónica; Cristo que seguimos acompañando el Martes
Santo.
¿Y de Rafael Ochoa pues?. Del zaragozano con corazón
compartido con Samper de Calanda es la Virgen de la Soledad a la que se le
rinde culto en la iglesia del Corpus Christie, propiedad de la Hermandad de San
Joaquín con la que salía en la procesión de “la Soledad” entre 2003 y 2019.
Los gustos
generalizados, casi siempre tendentes al estilo barroco, y del que creo que
solo salvan al Ecce Homo y a los pasos de la Hermandad de Cristo Resucitado, no
han tratado bien a esta imagen que ha dejado de participar en procesión. Sin embargo,
esta Virgen de Rafael Ochoa corresponde a su tiempo y a los deseos de la
Iglesia, quien a lo
largo de la historia ha sido quien ha impulsado la creación de obras y estilos
que han marcado profundamente el patrimonio cultural occidental.
El deseo de
tener una imagen propia para ser procesionada en andas en la procesión de la
Soledad, y que su propiedad no supusiera un conflicto con el Decreto Domenech, se gestionó por parte de la junta de la Dolorosa de finales del siglo XX cuando se les propuso que el Arzobispado no pondría ninguna objeción a la realización de una
imagen si esta se ofreciera al culto, y mucho menos si se aprovechada la
construcción de un nuevo templo para la Parroquia del Corpus Christi. Eso si, su realización estaría
condicionada por ciertos requisitos artísticos exigidos por el Arzobispado:
"Que al ser
la primera imagen del Tercer Milenio que realice la Iglesia Zaragozana aporte
alguna novedad artística de cara al futuro, siendo deseable que su expresión
sea “la Serenidad y la Esperanza” como mensaje a transmitir a los fieles
“puesto que la invocamos en la antesala de la Resurreccción.
Que el
Consejo valoraría muy positivo y práctico la creación de una pequeña comisión
Hermandad-Parroquia para sacar adelante el proyecto, participando en la
elección de los bocetos-ideas sobre la imagen, a fin de conseguir la más idónea
y a gusto de todos.
Que la
imagen sea de madera y así reciba culto en la parroquia, siendo tallada de tal
forma que pueda ser vestida en los actos procesionales que la Hermandad
considere conveniente."
Y ahí está
el resultado. La imagen debía aunar la tradición de la Hermandad y el deseo de
conseguir una obra de valor artístico que una talla del siglo XXI merece, la primera de este siglo. Los
condicionantes artísticos supusieron una amenaza al mismo pues obligaban a conjugar
una estética que aceptará el estilo de las procesiones de la Dolorosa en
particular y de la Semana Santa zaragozana en general con los deseos del arzobispado
y que fuera armónica con una arquitectura y ornamentación contemporánea. Por eso esta escultura tiene y tendrá mucho más valor artístico que la mayoría de pasos que procesionamos. Bucea por la web dolorosa.net y encuentra todo el proceso que gestó el encargo.
De ella se dijo y se dice lo que está y lo que no está en los escritos. Y ni siquiera a merecido una "Holy Cards" en la sección "no procesiona".
“Para ver
una obra de arte, solamente hay que tener el interés y el respeto que el
artista puso al realizarla” (Rafael
Ochoa).






