La historia personal que nos une
a “la Sangres de Cristo” como institución zaragozana nos hizo sentir especial
la visita a La Basilica of the Holy Blood en Brujas, uno de esos lugares donde se
mezclan religión, política, comercio medieval, leyenda y teatralidad urbana en
un espacio muy pequeño. Está en la plaza del Burg, el antiguo núcleo de poder
de la ciudad.
Son dos iglesias superpuestas. Abajo,
la austera capilla románica de San Basilio, una cripta militar y sobria; y
sobre ella la capilla gótica donde se conserva la reliquia de la Sangre de
Cristo, dorada, narrativa, casi teatral.
La recargada fachada recargada
debe gran parte del aspecto actual a las restauraciones neogóticas del siglo
XIX, cuando Europa redescubrió románticamente la Edad Media.
Pero el verdadero centro
simbólico del lugar es la reliquia. Según la tradición, contiene un paño
manchado con la sangre de Jesucristo, recogida por José de Arimatea y llevada a
Brujas tras la Segunda Cruzada en el siglo XII. Poseer sangre de Cristo
convertía a Brujas en un centro de peregrinación y daba prestigio religioso
enorme a la ciudad.
Todos los días se puede venerar
entre las 14 y las 16 horas.
Alrededor de la basílica nació
una de las tradiciones más importantes de Brujas: la Procesión de la Santa
Sangre.
Cada Día de la Ascensión, la
reliquia recorre la ciudad en una procesión gigantesca con escenas bíblicas,
trajes medievales y participación popular. Es una mezcla de liturgia, teatro
cívico y memoria histórica que conecta directamente con las ceremonias urbanas
medievales flamencas.



































