Este parque nació en 1880 por
iniciativa del rey Leopoldo II para celebrar los 50 años de la independencia de
Bélgica y es uno de los pulmones verdes y de esparcimiento en pleno barrio
europeo, rodeado de instituciones de la UE.
Pero no es solo un parque: dentro
hay museos, pabellones históricos y amplias avenidas arboladas que le dan ese
aire elegante y casi “imperial”. Lo que más llama la atención es su gran arco
de triunfo con la cuadriga en lo alto, que simboliza la unidad del país.
Más allá de lo turístico, el
parque forma parte de la vida diaria. Es un lugar donde simplemente estar:
tumbarse, charlar, leer o no hacer nada. Una mezcla perfecta de historia
monumental y vida cotidiana. Y cuando el tiempo acompaña, se convierte en una
especie de salón al aire libre donde Bruselas respira, se relaja y disfruta.
Y en cuanto sale el sol y aparece
el buen tiempo, el parque se transforma. En Bruselas, donde el clima es
bastante gris gran parte del año, los días buenos se aprovechan al máximo. Y el
Cincuentenario es uno de los lugares favoritos para hacerlo: Picnics
improvisados, grupos de amigos, parejas o estudiantes se tumban en el césped
con mantas y comida. Gente paseando, corriendo o en bici.
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