Sorprenda el barrio de Santa
Catalina cuando paseando llegas a él, sobre todo en un mediodía tan
resplandeciente como el de hoy. Animado y acogedor este rincón de la ciudad
combina historia, ambiente local y una gastronomía espectacular, mezclando
cafeterías modernas, tiendas alternativas y bares con edificios históricos y
comercios de toda la vida.
El corazón del barrio gira
alrededor de la Iglesia de Santa Catalina, un templo que, al margen de que mezcle
estilos góticos y barrocos, presentaba una feligresía y una colección de santos
de lo más peculiar. Su fachada domina una plaza llena de vida, con veladores y
sombrillas que invitan al vermut y a un prolongado tardeo.
Lo que hoy es una plaza elegante
y llena de restaurantes fue antiguamente el antiguo puerto interior de
Bruselas. De hecho, todavía se percibe ese pasado marinero en el ambiente del
barrio y, sobre todo, en su tradición gastronómica. Santa Catalina es famosa
por sus marisquerías y restaurantes de pescado, muchos de ellos con enormes
bandejas de ostras y marisco fresco expuestas en la entrada.
Llama mucho la atención un
antiguo urinario público adosado a uno de los laterales de la iglesia de Santa
Catalina. Extraña verlo en una ubicación tan inesperada, pero forma parte de la
historia cotidiana y popular de Bruselas, y encaja perfectamente con ese
sentido del humor tan particular que caracteriza a Bruselas y es imposible no
relacionarlo con el famoso Manneken Pis, uno de los símbolos más conocidos de
la ciudad.





















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