Aún no hay nadie sentado, pero
ya se siente la presencia de todos.
La mesa aguarda brindis, recuerdos
de juventud, planes futuros, bromas repetidas que nunca pierden la gracia y risas
que hablan de años de complicidad.
Las copas reflejan la luz del sol como un destello de alegría anticipada y de momentos que se convertirían en nuevos recuerdos. Porque hay días que se viven y luego se guardan.
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