domingo, 5 de abril de 2026

CARTAS COFRADES 2026-XXI: Domingo de Resurrección


El sol ha caído limpio sobre Zaragoza, como si también él celebrara la Resurrección. La ciudad no echa de menos el frio y el viento de estos días de Pasión, y como cada Domingo de Resurrección despierta distinta. Mañana luminosa, como el Vía Lucís representado a lo largo de la greca del Cristo Resucitado. Cristo, erguido y sereno, sobre un mar de flores naranjas, que aportan color y vitalidad, subrayando el carácter festivo de este día, avanza solemne con los brazos abiertos en un gesto que parece abrazar a la ciudad tras el encuentro glorioso con su Madre, una celebración que cierra la intensidad de la Semana Santa con un mensaje de alegría y renovación. Un abrazo a Pedro Elipe que no pudo realizar el

Mantillas blancas, claveles blancos, la primavera entre los dedos, caras descubiertas de terceroles avanzan alegres hacia el fin de las procesiones.

“… y todo comienza de nuevo…” como decía el lema del cartel de este año que despedimos. El cartel con la Virgen de la Esperanza como protagonista, como también lo es hoy. La Esperanza, la virtud teologal que sostiene al creyente cuando aún no ve la luz, pero sabe que llegará.  El ciclo que se repite cada año, la renovación espiritual y simbólica asociada a la Semana Santa que ponemos fin.

Hermandad de Cristo Resucitado. Inicio y fin de este año. Y durante este nuevo ciclo que empieza nos acordaremos de ese pregón tan especial organizado por la Resurrección, y ese frio y cierzo que no quiso perdérselo. Ni el pregón ni el resto de las procesiones.

Procesiones con cambios de recorrido, con estandartes tumbados, con pasos que no pueden cruzar el Ebro o que regresan a la iglesia nada más salir.

Con castañuelas y bailes flamencos entre mantillas en Valdefierro. Con saetas y jotas desde balcones y petaladas que ya no son exclusivas de la Humildad. Como tampoco lo es la estación de penitencia con entrada en la Seo, que también lo hace ya la Eucaristía.

Con el nuevo paso del “enclavamiento” para la cofradía de la Crucifixión, la gran noticia de este 2026, pero con el deseo de que “la lanzada” no se quede en el olvido de un garaje o de un futuro museo.

Y un aumento de números de participación, algunos de récord en la mayor parte de las cofradías. Con tambores, muchos tambores en el Descendimiento, en la Columna, en el Prendimiento, en el Calvario… Y las carracas de la Entrada cumpliendo 60 años; y las matracas y las heráldicas señas de identidad que se mantienen en el Ecce Homo y en el Silencio. Sintiéndonos cautivados por una banda de música interpretando “Semana Santa en Zaragoza”, por la vibrante partitura de una banda de cornetas y tambores o por el recogimiento interior de un miserere de los Ministriles. Y velas, cada vez más velas y mantillas en la Piedad.

Porque Zaragoza volvió a encontrarse en sus calles, fiel a la tradición y abierta al relevo; con la emoción intacta de siempre y el pulso renovado de quienes llegan. Una Semana Santa de tradición para unos, de sentimiento para otros, de patrimonio para todos, pero sobre todo de fe, que deja pétalos en el suelo, ecos de tambor en la memoria y la certeza de que, cuando vuelva la primavera, la ciudad sabrá otra vez cómo latir al mismo compás.

“… y todo comienza de nuevo”


 

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