El Viernes Santo es un buen día
para visitar iglesias. Están todas abiertas. Ya sabes, la liturgia de este día,
con los sagrarios vacíos y las formas consagradas en los monumentos
preparados con un cuidado especial para adorar a Jesús sacramentado y
acompañarle en su soledad y pasión. Hay silencio, contemplación y una
especie de pausa que se percibe incluso en quienes no son creyentes.
Es un buen día para hacer algo
que normalmente no hacemos, entre otras cosas porque no podemos al estar restringidas
a los horarios de cada parroquia. Ir de iglesia en iglesia, sin prisa,
observando los detalles que suelen pasar desapercibidos. Cada templo tiene su
forma particular de vivir este día: algunos son sobrios y casi austeros; otros,
más barrocos, despliegan flores, luces y una escenografía que invita a quedarse
unos minutos más.
Hay quien entra, se santigua y se
va en silencio. Hay quien se sienta largo rato y reza. Otros simplemente
observan, como si visitaran un museo, pero terminan bajando la voz sin saber
muy bien por qué. El ambiente invita al respeto y a realizar una ruta de siete
monumentos donde también nos esperan imágenes relacionadas con las procesiones
de nuestra Semana Santa, como si fueran estaciones de un pequeño recorrido
personal.
Podemos empezar en la parroquia
del Corpus Christi, donde nos espera la Virgen de la Soledad (Rafael Valero
Ochoa, 2003), propiedad de la Hermandad de San Joaquín, la cual salía en la
procesión de la Soledad entre 2003 y 2019.
De ahí a la cercana iglesia del antiguo
convento de las Agustinas de Santa Mónica, donde no solo encontramos las
actuales imágenes titulares de “la Humildad”, en un excelso altar montado para estos
días de Semana Santa, sino que también tenemos ahí la imagen de la Virgen de la
Correa (siglo XVII) con la que la Hermandad de Cristo Resucitado realizó el
encuentro glorioso en el patio del colegio de los agustinos en 1980. Y también
el precioso Cristo de las Mónicas, usado por “la Exaltación” entre 1990 y 1993.
Tercera parada en la iglesia de
la Magdalena, donde tenemos dos crucificados, con el que procesionaba la
Columna entre 1960 y 1979, y el Cristo de los Desamparados procesionado entre
1960 y 1969 por la desaparecida cofradía del mismo nombre.
Nos vamos a San Miguel de los
Navarros. Ahí tenemos la pequeña Dolorosa que data de 1749 y fue portada entre
2014 y 2018 portada sobre una carroza del alcorisano José Felez, quien también
hiciera en su día las grecas del paso titular, concebida para ser empujada por
los niños de la cofradía. Sin olvidarnos del Cristo de la Buena Muerte que
procesionaba en el Santo Entierro entre los años 10 del siglo pasado hasta 1972
siendo portado por legionarios.
Y bajando por la calle, hasta el
Convento de las RRMM Clarisas de Santa Catalina llega la sorpresa. Sabíamos que
en su iglesia nos encontraríamos con la Virgen de los Dolores, obra de Llovet, con
la que la Venerable Orden Tercera
organizaba en siglos pasados “el encuentro” y que utilizó en sus primeras
procesiones “La Humillación” hasta 1998. Y junto a él el Santo Cristo, también
de Llovet, y con la que la VOT realizaba el acto del descendimiento. Lo que no
podíamos imaginar era encontrarnos, apartado en unas dependencias acristaladas
al Cristo de la Agonía del Huerto de Jerusalén (atribuido por Carlos Pardos a
Pedro Ruesta, 1611) y que fuera procesionado los años 1983, 1984 y 2003 por “el
Huerto”. Esta imagen era propiedad de la RRMM Franciscanas Clarisas del
Convento de Jerusalén cuando estaba en el Paseo Independencia y luego
trasladado al de la Romareda, hasta que este ha sido derruido por las obras del
campo de futbol en 2024. Rallo hizo una réplica en 1985 para las procesiones de
la “Oración en el Huerto” hasta 2002. Esta copia se encuentra en una capilla
particular en Luesia.
Sexta iglesia, la de San Felipe.
Además de los pasos de la Humillación y el del Ecce Homo, tenemos ahí la peana
de la Virgen de la Divina Gracia, que ha sido trasladada esta mañana desde la
iglesia del Hospital Provincial después de que no pudiera participar en la
Procesión del Recuerdo del Lunes Santo a causa del viento. Sumamos a estos el
Cristo del Perdón que salía en las procesiones de la desaparecida “cofradía de
Caifás” entre 1983 y 1990 y que también sacó en 1993 el Ecce Homo cuando no
pudo hacerlo con su imagen al estar en proceso de restauración.
Séptima iglesia. Había que acabar
en San Cayetano. Toda gira en torno a San Cayetano, también nuestra ruta de “monumentos”.
Allí están los pasos en espera de la procesión del Santo Entierro. Si entras en
la sacristía busca al Cristo de la Santa Cena que realizara en 1946 José Bueno
Bueno para el paso del Cenáculo donde procesionó con “la Eucaristía” hasta 1998,
en la sala capitular la Virgen de Palao, y si no lo impidiera el paso de la
Virgen de la Confortación, en la capilla de la Sangre de Cristo el atado a la
Columna y el Ecce Homo, ambos de Llovet.
Hay más iglesias y más imágenes
por encontrar en el Carmen, en Nuestra Señora de Gracia, en el barrio Oliver… Luis
Cancer lo contó muy bien en uno de los programas de Pasión en Zaragoza, y Jorge
Sesé escribió un documentado artículo para el Tercerol nº 14 de 2011
El Viernes Santo propone: entrar,
mirar, quedarse… o simplemente seguir.
Y fuera, la ciudad sigue. La
procesión de las Siete Palabras es la protagonista de la mañana con una
procesión que discurre con la normalidad deseada. Lo mismo que el Santo
Entierro tras dos años alterados. La procesión comienza puntual, a las 18 horas
y termina pasadas las 0 horas del Sábado Santo, coincidiendo con la procesión
que se inicia en el Monasterio de la Resurrección del Santo Sepulcro, que retorna
tras diez años sin hacerlo, no exenta de polémica, estrenado horario nocturno.
La nota destacada de este año en
el Santo Entierro es la ausencia del paso de “la Lanzada”, el Calvario
realizado en 1841 por José Alegre. Con la llegada del nuevo paso de la cofradía
de “la Crucifixión” ha dejado de salir hoy. Ya vemos lo que ocurre con las
imágenes que dejan de procesionar, que se pierden; más si es un paso de
misterio que no se puede poner al culto. Solo lo pude salvar el futuro museo. O
que la Sangre de Cristo mueva hilos para que vuelva a ocupar el puesto que le
pertenece en el Santo entierro desde hace 184 años.

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