Maite piensa que Bruselas es una
ciudad horrorosa; y quizá tenga razón, pero ¿qué gran ciudad no lo es cuando
sales de lo que más la caracteriza? Y en Bruselas tenemos la Grand Place, como
una respuesta luminosa a cualquier prejuicio apresurado.
Allí, en pleno corazón de
Bruselas, la ciudad parece recordar quién es realmente. La piedra deja de ser
gris y se vuelve dorada cuando cae la tarde, los edificios dejan de ser simples
fachadas para convertirse en relatos esculpidos, y el ruido urbano se transforma
en murmullo de gentes de todos los lugares
La Grand Place despliega su
belleza con una seguridad casi arrogante. Los antiguos gremios, con sus
fachadas ornamentadas, parecen competir entre sí en elegancia, mientras el
Ayuntamiento se alza como si aún vigilara el pulso de la ciudad.
Quizá Maite tenga razón si te
pierdes por calles sin rumbo. Pero basta con doblar una esquina para que la
plaza aparezca de nuevo y entender que Bruselas no necesita ser perfecta. A algunas ciudades les basta con tener un lugar como este. Como a Zaragoza el Pilar o la Seo. Bueno, también la Aljafería, el puente de piedra o el Tubo...
Porque hay ciudades que se
explican solas, y otras, como Bruselas, que necesitan un lugar preciso, para
reconciliarse contigo.
Pero Bruselas no se agota en esa
postal perfecta que es la Grand Place. Sería injusto reducirla a una sola plaza, por muy deslumbrante
que sea.
Fuera del casco histórico aparece el
Atomium, esa estructura imposible que parece más un sueño de ciencia ficción
que un edificio real. Nueve esferas gigantes conectadas por tubos metálicos. Desde
arriba, Bruselas se ve distinta.
Y luego está el Parque del
Cincuentenario, con su arco triunfal imponente y sus amplias avenidas que
parecen diseñadas para recordar que aquí también hubo ambición imperial. Pero
hoy el parque ya no impone, más bien invita: a correr, a pasear, a tumbarse en
la hierba entre museos y estudiantes.
Y entre monumentos, parques y
fachadas, Bruselas revela su verdadero carácter: el mestizaje. No solo
arquitectónico, sino humano. Es una ciudad donde conviven idiomas, acentos,
cocinas y costumbres sin mucho orden ni concierto, por mucho que sea la capital
de Europa.
























































No hay comentarios:
Publicar un comentario