La iglesia data de finales del
siglo XV, primera mitad del siglo XVI.
Combina elementos del gótico
tardío con el estilo herreriano,
caracterizado por su austeridad, sobriedad y líneas elegantes, tan propio de
esta zona de la provincia de Madrid. No es de extrañar porque durante el siglo
XVI, Navalagamella fue un centro clave de suministro de piedra y madera para
las obras del Real Monasterio de El Escorial, del que apenas está a 20
kilometros. Y esto propició una importante ampliación del templo en 1541.
Dispone de una sola nave con
planta de salón, una cabecera poligonal y una robusta torre cuadrada situada a
los pies del templo. Sus muros están levantados con sillería y mampostería.
El edificio comenzó a construirse
por los pies, solución inusual que hace suponer la existencia de un templo
anterior que se quiso preservar como lugar de culto hasta que la nueva obra
pudiese sustituirlo. La tradición popular cuenta que el templo se levantó sobre
una antigua ermita medieval construida por pastores locales en agradecimiento a
los consejos de un ermitaño que vivía allí.
Los tres primeros tramos de la
nave muestran un gótico tardío puro con bóvedas de crucería con terceletes. El
campanario y las reformas del siglo XVI adoptaron la sobriedad del estilo herreriano
para mantener la unidad estética de la zona por deseo de la Casa Real.
El Coro elevado posee motivos
platerescos esculpidos con volutas y delicadas cabezas de querubines. La
Capilla Mayor, separada por un imponente arco se cierra con una espectacular
bóveda estrellada.
El templo sufrió daños
estructurales severos en su cubierta y campanario durante la Batalla de Brunete en 1937. Su icónico
chapitel fue reconstruido en 1943.

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