Leo en la prensa unas
declaraciones de Jesús García Belenguer en el día de la exaltación de los instrumentos tradicionales diciendo como con
el “se comparte un legado que ha ido creciendo de generación en generación
manteniendo vivo el latido de la Semana Santa zaragozana”. Y Jesús, de legados
que se transmiten de generación en generación sabe mucho, siendo de una
hermandad documentada desde el siglo XIII y a la que su familia pertenece desde
1820; una saga con seis generaciones de cofrades.
Estos días nos han llegado a algunos unas instantáneas (como se decía entonces) de 1973 donde los protagonistas celebraban el primer concurso con una comida en la Posada de las Almas. Los trajes, pero también los polos en los más jóvenes, las gafas, los peinados y los bigotes hablan claramente de otra época, con ese aire solemne que tenían las fotografías de entonces cuando cada disparo era importante y nadie quería estropearlo moviéndose. No había disparos infinitos como hoy. Cada foto era un momento casi solemne, algo que debía durar. Y así, décadas después, sigue siendo recuerdo de una celebración, de una hermandad y de un momento que nos llega a nosotros.
Entonces las fotografías no eran como ahora cuando se deja constancia de todo. Las fotos se reservaban para momentos que lo merecieran, en espera de que salieran bien enfocadas y con la iluminación correcta. Por eso, fotos de cofrades en grupo, a los que puedes reconocer por ir sin la cara cubierta, cuantas más décadas atrás nos vayamos, menos vamos a encontrar, y las que encontramos más valor les damos. Nuestras cofradías de penitenciales, salvo la Congregación de Esclavas o la Esclavitud de Jesús Nazareno que por historia podrían, no pueden contar tantas generaciones como la familia García Belenguer, pero todo se andará. En esta foto de 1973 ya vemos a bisabuelos, abuelos y padres de actuales cofrades, algunos incluso, abuelos y padres con nietos e hijos que como ellos han ganado el concurso.
Veinte años después, en 1993, en el mismo lugar y por el mismo motivo la fotografía se repetía, como reincidían presencia alguno de los protagonistas. Habrá quien tenga fotos con sus abuelos, padres y madres todos vestidos de cofrades, pero como nos gustan las fotos corales del pasado. Tienen un interés compartido.
Legados que se transmiten de
generación en generación. Si esto ocurre celebrando lo menos importante de lo
menos importante, la de historias, momentos vivencias, recuerdos y personajes
que estaremos legando para el futuro en este afán que tenemos por plasmar todo
lo que disfrutamos.


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