Más de una carta hemos dedicado
al papel que juegan “los actores de reparto” (para nada lo son) que aparecen en
los pasos entre protagonistas divinos y santos. Figuras que se muestran sin
potencias, ráfagas, nimbo discoidal, diademas o coronas. Y entre ellas
distinguimos los que representan la humanidad y la bondad (el Cirineo, la
Verónica, Nicodemo…) y los que actúan con maldad. Con la llegada del nuevo paso
del “enclavamiento” a las procesiones de la Crucifixión, la figura del “sayón”
adquiere una mayor atención al convertirse en este paso en el único
protagonista de la escena (de momento) junto a Jesucristo.
No se si te pasará a ti, pero el
sustantivo “sayón” solo lo leo y oigo entre la palabrería de “semanasanta”,
cuando su significado, para el diccionario, es de uso general: “verdugo,
persona encargada de ejecutar a los condenados a muerte”, sin hacer referencias
a la Semana Santa salvo en la acepción “cofrade que va en las procesiones de
Semana Santa vestido con una túnica larga”
Entre el vocabulario cofrade sin
embargo un sayón es la figura que aparece en los pasos más dramáticos
representando a los verdugos o ayudantes encargados de ejecutar la condena de
Jesucristo. Son figuras con presencia frecuente en escenas de la flagelación o
la crucifixión. Y entre los pasos zaragozanos encontramos tres entre los pasos
de la Columna, uno en la Coronación de Espinas, otro en las Siete Palabras y
ahora en este nuevo paso de la crucifixión. El que encabezaba la Caída de la
cofradía de Jesús Camino del Calvario se perdió.
Estos personajes simbolizan la
violencia y el sufrimiento infligido a Jesús durante su camino hacia la cruz. La
burla y la crueldad de los sayones nos muestran hasta dónde puede llegar el ser
humano cuando pierde la compasión y deshumaniza, y su presencia es fundamental
para entender el dramatismo y la narrativa de los pasos.
Así aparecen con expresiones
exageradas con gestos duros o incluso grotescos, el ejemplo más evidente es el
que vemos en las procesiones de la Columna en el paso de la condena de Jesús a
los azotes” de Martín Nieto. O con actitudes de burla, también en otro paso de
la Columna, el de la Flagelación, o como el que aparece en la Coronación de
Espinas.
No es el caso de nuestro
protagonista en el “enclavamiento” de Ángel Luis Tejera que, al igual que el sayón de la Quinta
Palabra, aparece ejecutando su cometido con frialdad, incluso con indiferencia.
Estas representaciones buscan
acentuar el contraste entre la crueldad humana, la tensión del misterio y la
serenidad de Cristo. Ayudan a narrar
visualmente los episodios de la Pasión y aportan ese fuerte componente teatral
tan del uso del barroco, por eso aparecen con gestos exagerados o
caricaturescos, aunque en esto difícil ganar a los romanos de la “Coronación”.
Antes hemos mencionado el paso de
la Caída, cuya composición, con el sayón perdido, era similar al Camino del
Calvario de Valladolid, obra de Gregorio Fernández. En este paso castellanos
aparece uno de los sayones más famosos de la historia de la imaginería pasional,
el conocido como “de la trompeta”, quien con el gesto de tocar la trompeta quiere
anunciar el camino al Calvario. Leete el artículo de Carlos González en Ziudad
Cofrade nº 3 y sabrás más de él. Y ya que hablamos de Carlos; nuevo presentación de libro sobre música y Semana Santa para el lunes 23 en San Pablo

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