sábado, 28 de marzo de 2026

CARTAS COFRADES 2026-XIII: El Pregón

 


Queridos amigos de la Hermandad de Cristo Resucitado y Nuestra Señora de la Esperanza:

Mi más sincero agradecimiento por el honor que me habéis concedido al nombrarme pregonero de la Semana Santa de Zaragoza, un privilegio que nunca podía haber imaginado.

Debo agradeceros la confianza depositada en mí, así como el cariño que habéis demostrado hacia mi persona y el que habéis provocado en muchas personas y cofrades que me han transmitido, tanto en público como en privado, su alegría por esta designación.

Espero haber cubierto las expectativas generadas y haber estado a la altura de lo que este encargo representa y haber podido transmitir con palabras, la emoción, la devoción y el profundo sentimiento que la Semana Santa despierta en todos nosotros.

Por la tribuna en la plaza del Pilar las más de las veces, o en iglesias como San Miguel, Santiago, Santa Engracia, Santa Isabel o la del Carmen, han pasado cardenales, arzobispos y obispos, teólogos, políticos, médicos, abogados, periodistas, historiadores, profesores universitarios… un amplio elenco de pregoneros de lujo el que ha tenido nuestra ciudad. Cada uno de ellos supo dar al pregón su impronta y el carácter de su formación, labor o profesión. Sin embargo, en este 2026, lo ha hecho un cofrade; que tampoco es el primero que lo hace.

¿Qué se puede contar que no se haya contado ya? Difícil, pues la Semana Santa es lo que es, y cuenta lo que cuenta; hoy y hace 50 años. El pregón de hoy ha intentado ser el que un cofrade espera oír, con guiños y voces que el cofrade entiende, pero sin olvidar que también va dirigido a los “profanos” en la materia.

Y por eso el pregón se ha desarrollado como si fuera una procesión, transmitiendo esas emociones que sentimos antes de que se abran las puertas las iglesias, cuando le damos la mano al que tenemos al lado, cuando buscamos con la mirada al que procesiona con nosotros desde siempre y le deseas “buena procesión”, momentos antes de oír marcar la marcha de salida y el murmullo calla, el redoble toma la palabra y comienzan a salir los estandartes.

A partir de aquí el pregón se ha llenado de referencias continuas a elementos propios de las procesiones, de hábitos, de pasos y carrozas, de atributos y música, de nombres de marchas, de cruces in memoriam y de nuestros espacios cotidianos.

Porque las escenas sagradas las sacamos de catedrales, de basílicas, de antiguos conventos, de grandes o pequeñas iglesias. De parroquias de barrio o del centro de la ciudad. También de colegios o incluso de un palacio para convertir el espacio cotidiano en un lugar de catequesis y que el mensaje de la Pasión y Resurrección llegue a todos a través del sentimiento y el simbolismo.

Sin nombrar a ninguna cofradía, todas ellas aparecen implícitas en la lectura; solo hay que buscar la referencia, a veces muy clara, otras tal vez algo escondida, pero que todos sabremos encontrar, especialmente cuando el pregón invita, como si estuviéramos viendo el Santo Entierro, a buscar en todos los pasos actitudes frecuentes en nuestro día a día, y así cumplir con esa premisa que siempre anunciamos de que las procesiones son una catequesis pública que convierten la ciudad en un evangelio abierto.

Cada paso, cada talla está contando algo: el dolor, la traición, la duda, el miedo, la violencia, la amargura, las angustias, la tristeza, la muerte y la soledad… pero tambien la confortación, la fraternidad, el perdón, la solidaridad, el valor, la piedad, el consuelo y la esperanza. Nos ponen delante la realidad más humana y cristiana.

Por eso el pregón también sirve de confesión porque cuanto más la vivo, a veces me hace dudar. Al vivir la Semana Santa esta me confronta y también termino mirándonos a nosotros mismos.

La Semana Santa que nace y crece en nuestras cofradías tiene muchas caras. No es una sola realidad, ni ofrece una única manera de vivirla. Es diversa, compleja, profundamente humana. Es la suma de miradas distintas, de vivencias personales, de formas diversas de acercarse a un mismo misterio.

¿Pero de verdad hace falta tanto alarde y tanta riqueza para celebrar la fe y la Pasión de Cristo? ¿Un Cristo que vivió con sencillez y murió despojado de todo?

No necesitaríamos exhibir nuestra fe  de esta manera, porque esta no busca el aplauso ni el reconocimiento, pero que entretejemos con la tradición, la cultura y la expresión colectiva para que encuentre en la calle una manera de expresar lo que no siempre sabemos rezar, o decir con palabras, de hacer visible una creencia que se vive desde dentro y que, al salir, debería invitar a todos, creyentes, no creyentes o “ateos por la gracia de Dios” que decía el de Calanda, a detenerse, respetar y comprender.

Porque no todos la sentimos del mismo modo, ni nos gusta todo ni lo mismo, pero todos la reconocemos como nuestra. Un mosaico de motivaciones que no vivimos igual, pero que la seguimos construyendo y nos gusta compartir.

Y quizá no se trate de comprenderla del todo, sino de aceptarla en esa pluralidad de motivaciones. De entender que esa diversidad de miradas la engrandece. Que en esa suma de miradas y sensibilidades se refleja la verdadera esencia de nuestra Semana Santa. Esta Semana Santa de Zaragoza acogedora, como es la ciudad, que hace suya maneras e identidades traídas de otras regiones de España.

Y somos capaces de acoger porque, como esos viejos árboles, tenemos raíces profundas que nunca debemos olvidar, y que debemos seguir cuidando. Unas raíces que arrancan de un Santo Entierro, con más de 400 años de historia y a la que las cofradías le debemos lo que somos y lo que tenemos, dando sentido a lo que hacemos.

¡Vivela! decía el lema del cartel de 2022, y es que para comprender la Semana Santa de las cofradías hay que vivirla, y a eso nos invita cada año este pregón. Vivamos pues esta Semana Santa de 2026 con recogimiento, respeto y fraternidad, manteniendo viva una tradición que nos une como ciudad para que siga siendo reflejo de fe y de compromiso compartido. Y continuemos con nuestros sonidos de procesión, anunciando a nuestra manera el mensaje de estos días santos, pues como dijo mi amigo “si el redoble es sincero, no es redoble, es oración”.

Hermandad del Cristo Resucitado y de Nuestra Señora de la Esperanza, y en su nombre su Hermano Rector y amigo Carlos Pardo; recibid mi más sincero agradecimiento y un afectuoso saludo camino de la Pascua de Resurrección.

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