sábado, 5 de septiembre de 2026

POSTALES DESDE EL VERANO 2026: Un nuevo retablo







En un año en que solo nos falta una ceremonia para cumplir con el título de una de las películas que popularizó a Hugh Grant, cada vez que entramos en la iglesia de San Cristobal de Comillas nos acordamos de otra boda, aunque esta no aconteció, y” los primos” terminaron celebrando veranos pasados. Desde este año a los que entran a la iglesia habrá que recordarles que es la de la película “Primos”, pues recientemente se ha llevado a cabo el montaje de un nuevo retablo.

Los retablos barrocos originales de la iglesia de San Cristóbal fueron destruidos durante la Guerra Civil y durante décadas las paredes del templo quedaron encaladas y desnudas. Como solución temporal, el presbiterio pasó a ser presidido únicamente por una gran cruz de madera, que es la imagen que todos tenemos en la cabeza, hayas entrado alguna vez o la vieras en la película.

La enorme cruz se ha retirado para dar paso a la instalación de un nuevo retablo para que, según dicen unos y argumentan otros, devuelva parte de la dignidad y el aspecto histórico al altar del templo.

Mira que me gusta el arte religioso, pero me sigue sorprendiendo que se sigan realizándose obras nuevas con la estética del pasado, cuando la propia iglesia, a lo largo de la historia siempre ha estado en la vanguardia del arte. Recurrimos a la prensa para ver como se ha fraguado y el debate patrimonial y social en torno a la recuperación de los retablos en la iglesia de San Cristóbal de Comillas ha sido complejo. Mezcla la dolorosa pérdida de su identidad histórica, la burocracia institucional y las discrepancias sobre los criterios de restauración artística.

El Gobierno de Cantabria comenzó a estudiar  trasladar parte de los retablos históricos almacenados en la antigua Universidad de Comillas. Quienes lo defendían sostenían que era la manera perfecta de "matar dos pájaros de un tiro". Por un lado, se devolvía la dignidad perdida a la parroquia del pueblo con piezas de gran valor. Por el otro, se garantizaba la conservación de unas obras de madera policromada que corrían riesgo de deterioro por la humedad estructural que arrastra el complejo del Seminario.

Historiadores y defensores del patrimonio del Seminario se opusieron firmemente. Argumentaban que desvestir una joya arquitectónica como la iglesia del Seminario Mayor para vestir la parroquia era un "desarraigo patrimonial". Defendían que cada obra de arte fue diseñada para su espacio original y que la solución debía pasar por restaurar el Seminario en su totalidad, no por desmembrar su colección mueble.

Las autoridades y el obispado optaron por una vía alternativa: la instalación de un nuevo elemento de retablo adaptado al espacio y la retirada de la antigua cruz.

Esto tampoco estuvo exento del dilema habitual de la restauración moderna (en Zaragoza nos hemos quedado sin recuperar la Torre Nueva): ¿se debía construir una réplica historicista (un falso histórico que imitara el barroco perdido) o una estructura contemporánea que dialogara de forma moderna con las paredes desnudas? Finalmente, el proyecto ejecutado por los equipos de conservación ha buscado un equilibrio respetuoso para devolverle al altar mayor la escala y el peso visual que demandaba la arquitectura barroca de San Cristóbal.

Y si la iglesia nos recuerda a los primos, el sitio donde nos colocamos en la playa nos recuerda a Inma Cuesta.









No hay comentarios: