Una poza entre árboles, el agua fresca y transparente, las risas que se mezclan con el rumor de la corriente y ese instante preciso en el que Isabel ha decidido, sin pensárselo demasiado, que el mejor camino para entrar en el río es volando. Un rato de libertad total, mientras unos esperan su turno, otros ya están refrescandose en el agua.
Un perro mira desde la orilla y parece pensar que "otra vez estos locos
tirándose al agua como si no hubiera un mañana… aunque… si alguno me tira un
palo, a lo mejor me animo”.
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