Hay fotografías del Everest
que impresionan por las colas que se forman para alcanzar la cima. Una
interminable hilera de personas, detenidas a pocos metros de la cumbre,
esperando su turno en la inmensidad del Himalaya.
Y luego está esta fotografía.
No es el Everest. Es el Urbión.
Allí arriba, sobre las rocas,
también hay una pequeña fila de montañeros esperando para acceder a la parte
más alta del pico. Una especie de «atasco de montaña», versión soriana. Evidentemente,
las comparaciones terminan ahí. Subir al Urbión no exige aclimatarse a la
altura, enfrentarse a un ochomil ni jugarse la vida. Pero hasta las montañas
más modestas pueden tener sus momentos de masificación.

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