Y si es contra Inglaterra todos
saben lo que significaba ese enfrentamiento. Cuando Inglaterra y Argentina se
cruzan en un Mundial, el partido nunca es solo un partido. Es una herida
abierta, un orgullo antiguo, una historia que se niega a terminar.
Alguien, en una mesa del fondo, murmuró “la mano de Dios”. Otro respondió “el gol del siglo”. El aire se llena de ecos: el hermano de Ardiles en el recuerdo de España 1982, México 86, el estadio Azteca, Maradona elevándose entre los ingleses. Francia 98, el rojo de Beckham, los penaltis que aún duelen. Corea 2002, la revancha incompleta.
Y allí, sentados frente a la pantalla,
frente a las pantallas, hasta estas chicas sabían que en cualquier segundo
podía pasar algo que algunos contaríamos durante décadas.
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