“Qué lindo”, dice una joven a mi lado con acento argentino,
mientras otro por detrás le decía a alguien que una vez estuvo con unos tíos
que montaban fuegos artificiales y más o menos se enteró de cómo va la cosa.
“Mirá cómo siguen saliendo, che…”, decía la argentina “qué suerte estar acá viendo esto”.
Una madre le decía a su hijio que ya verás la traca final…. Mientras
otro opinaba que “como se nota que no has estado en una mascletá, que tampoco es
pa tanto”.
El enterao de como funciona esto seguía dándonos la brasa
para que lo escucháramos todos. “Tienen unos tubos de hierro clavados en el
suelo, meten una bola de cartón, prenden la mecha, ¡pum!, y sale disparada
hacia arriba como un cohete”.
La argentina al menos le daba más musicalidad a sus
comentarios “che… ahora se mezclan los verdes con destellos más blancos y el
cielo queda todo manchado de luz. Es como si alguien hubiera tirado un balde de
estrellas arriba”.
El caso es que parece ser que nadie sabe ver los fuegos en
silencio y sin grabarlos con el móvil. “Ya verás, ya verás… cuando llegue la
traca final se va a iluminar todo el cielo de una vez. Vas a notar cómo vibra
hasta el suelo”, decía la madre. Esperemos que no tiemble el suelo, que estamos
en el puente de Piedra.
“Mientras sube, dentro de la bola hay una mecha lenta que va
quemando… está calculada para que llegue justo cuando la bola está en el punto
más alto, cuando casi se detiene y ¡boom!, se abre toda. Dentro lleva un montón
de pastillas que son las que hacen el color.
Me están dando los fuegos. Intento concentrarme al menos en
lo que cuenta la argentina. “¿Viste cómo la basílica parece más grande con las
luces? Parece de película…¡lindos!, esos momentos que después contás a la gente
por el celular.
“Las verdes que estamos viendo ahora creo que son de bario,
tío, puro bario, y las blancas son de magnesio, por eso brillan tanto. Cuando
la cáscara se abre, lanza todas esas pastillas en todas direcciones y se forma
esa flor gigante que ves”.
“Hombre, cada cosa es distinta. La mascletà es ruido y esto
es un espectáculo visual. En Valencia no ves estas formas tan grandes ni con la
basílica de fondo”. A lo que le contesta “yo te hablaba de las de Alicante”.
Las conversaciones se nos entremezclan como los juegos de luces
y el sonido. El que sabe de esto le seguía dando la brasa a sus amigos, “sale
del suelo, sube, se abre y se convierte en luces. Pura química y
sincronización. Aunque hay que reconocer que queda precioso, ¿verdad?
“Ya, ya… pero cuando empieza la traca de verdad en una
mascletà, esto se queda corto, ya verás. Aquí al final será un poco de ruido y
listo. Y la madre, más bajito, creo que le dice al niñó : Tú no hagas caso. Cuando
empiecen a salir todos a la vez ya verás…”
Y así fue. Se hace el silencio y todos empezamos a aplaudir,
creo que el escéptico sobre la traca también. Se acabaron las fiestas.
“¡Che… ahora sí!. Parecía que el cielo se rompía en mil
pedazos de luz”.

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