Hoy queremos destacar el gran logro y osado paso dado por una cofradía zaragozana; pero vamos a dejarlo para el final de la carta.
Entre los fines de todas las
cofradías y hermandades, junto al fomento de la piedad, la caridad y la
espiritualidad de los hermanos, figura el culto y la devoción a sus
advocaciones, siendo éste, en muchas ocasiones, su fin principal.
En Zaragoza, las actuales
cofradías penitenciales no siempre han tenido fácil el cumplimiento de este fin,
quedándose durante décadas reducido al culto público mediante las procesiones
de Semana Santa. Es lo que tenía el hecho de la conformación de las cofradías
en torno a los pasos de misterio de la Hermandad de la Sangre de Cristo para
participar en el Santo Entierro. La Piedad o la Dolorosa, con imágenes exentas
que ya disponían de altar en San Cayetano lo tuvieron fácil, pero para el
resto, de Pascuas a Ramos, los pasos en su totalidad quedaban guardados en el
almacén de la Hermandad.
La evolución de nuestras
cofradías a lo largo del tiempo ha facilitado subsanar este vacío. Al conseguir
tener imágenes propias, o ampliando el conjunto devocional, las cofradías han
podido disponer de figuras devocionales a las que poder entronizar en sus sedes
canónicas o en otras iglesias para dedicarle culto religioso y recibir la
devoción de hermanos y los fieles. En esto, la cofradía de la Entrada de Jesús
en Jerusalén muestra una singularidad que la entronca con el nacimiento de las
cofradías en los años 30 del siglo XX: Un solo “misterio”, una sola procesión
más el Santo Entierro y un único paso concebido para su veneración pública el
Domingo de Ramos. En situación parecida se encuentran la Congregación de Esclavas,
con su “dolorosa” del siglo XIX concebida para las procesiones.
Y así, salvo esta peculiaridad de
“la Entrada”, el resto ha conseguido consagrar al menos alguna de sus advocaciones
en lugar sagrado y público, aunque no todas al mismo nivel ni con facilidad de
accesibilidad. Curioso que los que más difícil lo tienen son cofrades con sus
imágenes devocionales en San Cayetano, solo abierto cuando hay un acto
programado.
Las demás cofradías nacidas en
torno a un misterio de la Pasión, o han dispuesto al Cristo protagonista del
paso en un altar (Eucaristía, Humildad, Negaciones, Columna, Despojado,
Exaltación) y/o disponen de otras figuras, especialmente de María para
conseguir este fin (Huerto, Prendimiento, de nuevo la Humildad o la Columna,
Calvario, La Llegada, las Siete Palabras, la Crucifixión, el Descendimiento y
la Resurrección)
Hay imágenes unidas inequívocamente
a la iglesia que les cobija. Parroquia y devoción que se retroalimentan más allá
de la cofradía. No entenderíamos una sin la otra, como el Nazareno en San
Miguel, El Cristo del Silencio y la Virgen Blanca en San Pablo o el Ecce Homo
de San Felipe bajo el baldaquino que se encargó a Llovet para ensalzar su culto.
Una iglesia de San Felipe que además nos ofrece las advocaciones de “la
Humillación” y el busto coronado de “la Coronación”.
Y otras que adquieren
protagonismo por su ubicación, consiguiendo que nunca pasen inadvertidas en dos
de las iglesias más concurridas en sus eucaristías a lo largo de todo el año; y
ahí tenemos a dos de los pasos de Jesús camino del Calvario en la basílica de
Santa Engracia, o parte del paso de Jesús abrazado a la cruz y de la Verónica
en la parroquia del Carmen. Esto también lo consigue la Santa Cena a lo largo
de la Cuaresma en la parroquia del Perpetuo Socorro; impresionante este 2025 el
montaje del apostolado en torno a la mesa del Señor
Otras imágenes han conseguido un
hito que les confiere un enorme valor, devocional y artístico, así como a la
titularidad de la cofradía propietaria. Podemos nombrar la entronización del
Cristo de la Expiración en una capilla de la basílica del Pilar, pero que decir
del Cristo de la Exaltación sobre el presbiterio de la parroquia de Santa Gema,
o el Cristo condenado a los azotes de “la Columna” en el retablo el Altar mayor
de la iglesia de Santiago.
Así tenemos iglesias y parroquias con cofradías. Y en estas iglesias, algunas tienen pedestales, otras altares, camarines e incluso capillas. Hasta una "sala capitular". También tenemos a la Virgen de las Lágrimas, una de las protagonistas de este 2025, a la que costó colocar en un oratorio en el Colegio de El Salvador. Lo que nunca habíamos tenido es cofradía con iglesia. Y esto si que es un hito de nuestra historia cofrade, un logro valiente conseguido por la cofradía Jesús de la Humildad Entregado por el Sanedrín y de María Santísima del Dulce Nombre, que seguro que saben aprovechar tras el cierre del convento de Santa Mónica tras casi 400 años de presencia en Zaragoza.
Te pones a
pensar y solo se ven ventajas a nivel organizativo, patrimonial y espiritual que
equilibran los miedos que seguro supuso aceptar el ofrecimiento del usufructo,
con todos los gastos añadido que conlleva. La cofradía no dependerá de los
horarios o limitaciones de una iglesia y puede organizar sus cultos, reuniones
y actos sin necesidad de coordinar con otras celebraciones o grupos
parroquiales
Puede
conservar y exponer sus imágenes, pasos procesionales y enseres sin depender de
terceros. Tener una iglesia propia refuerza la identidad de la cofradía y su
importancia dentro de la comunidad. Le otorga relevancia social y
prestigio. Y si quisiera podría generar ingresos, organizando
actividades culturales o alquilando espacios para eventos religiosos o
sociales.
No vamos a
tener esta Cuaresma Sanedrín. Tras la comida nos faltará la tertulia sobre el museo.
La implantación tan arraigada de muchas de las imágenes en las iglesias
dificultará enriquecer el cuerpo expositivo. Por otro lado, puede suponer
recuperar de “Pascuas a Ramos” esos pasos de misterio guardados en el almacén.
En cuanto al resto de elementos que podrían formar parte, esperemos que no
cueste tanto ponerse de acuerdo como realizar una colección de cromos.