jueves, 29 de octubre de 2026

ESTAMPAS DE CIUDAD: Maruja


No me negarás que todo en la foto es de lo mas entrañable. Empezando porque a nadie joven llaman Maruja. 

 

miércoles, 28 de octubre de 2026

ZARAGOZA ESCONDIDA: El museo de tapices

























El Museo de Tapices de La Seo, abierto al público desde 1938, es uno de los conjuntos artísticos más singulares de la ciudad. Su visita permite descubrir una parte menos conocida de la Catedral y comprender cómo el arte, la fe y el poder se entrelazaron durante siglos en la historia de Zaragoza.

 Sus piezas, tejidas principalmente en los siglos XV, XVI y XVII, constituyen un extraordinario testimonio de la riqueza artística europea y de la importancia que tuvieron los tapices en la vida religiosa, política y social de otros tiempos. Los tejidos narran historias bíblicas, episodios históricos y enseñanzas religiosas, realizadas con una minuciosidad sorprendente

Los tapices eran, en su época, mucho más que elementos decorativos. Su elevado coste los convertía en símbolos de prestigio y poder. Además, permitían vestir grandes salas, mejorar su aislamiento y transformar temporalmente un espacio mediante escenas de gran riqueza visual.

La colección comenzó a formarse durante el siglo XV y creció en los siglos posteriores. Arzobispos, miembros de la nobleza y otras personalidades vinculadas a la Iglesia reunieron estas obras para decorar sus residencias, capillas y espacios representativos. Con el tiempo, muchas llegaron a la Catedral mediante donaciones o adquisiciones.

La exposición se distribuye en tres salas principales, instaladas en antiguas dependencias capitulares de la Catedral. La sala gótica alberga, entre otras piezas, la serie de Ester (fechada en 1455); las demás reúnen obras de temática religiosa, histórica y mitológica, como el Juicio Final, El Calvario y la Pasión, Moises y otros relatos como los relacionados con la guerra de Troya.




 

domingo, 18 de octubre de 2026

ESTAMPAS BATURRAS: Traca final


“Qué lindo”, dice una joven a mi lado con acento argentino, mientras otro por detrás le decía a alguien que una vez estuvo con unos tíos que montaban fuegos artificiales y más o menos se enteró de cómo va la cosa.

“Mirá cómo siguen saliendo, che…”, decía la argentina  “qué suerte estar acá viendo esto”.

Una madre le decía a su hijio que ya verás la traca final…. Mientras otro opinaba que “como se nota que no has estado en una mascletá, que tampoco es pa tanto”.

El enterao de como funciona esto seguía dándonos la brasa para que lo escucháramos todos. “Tienen unos tubos de hierro clavados en el suelo, meten una bola de cartón, prenden la mecha, ¡pum!, y sale disparada hacia arriba como un cohete”.

La argentina al menos le daba más musicalidad a sus comentarios “che… ahora se mezclan los verdes con destellos más blancos y el cielo queda todo manchado de luz. Es como si alguien hubiera tirado un balde de estrellas arriba”.

El caso es que parece ser que nadie sabe ver los fuegos en silencio y sin grabarlos con el móvil. “Ya verás, ya verás… cuando llegue la traca final se va a iluminar todo el cielo de una vez. Vas a notar cómo vibra hasta el suelo”, decía la madre. Esperemos que no tiemble el suelo, que estamos en el puente de Piedra.

“Mientras sube, dentro de la bola hay una mecha lenta que va quemando… está calculada para que llegue justo cuando la bola está en el punto más alto, cuando casi se detiene y ¡boom!, se abre toda. Dentro lleva un montón de pastillas que son las que hacen el color.

Me están dando los fuegos. Intento concentrarme al menos en lo que cuenta la argentina. “¿Viste cómo la basílica parece más grande con las luces? Parece de película…¡lindos!, esos momentos que después contás a la gente por el celular.

“Las verdes que estamos viendo ahora creo que son de bario, tío, puro bario, y las blancas son de magnesio, por eso brillan tanto. Cuando la cáscara se abre, lanza todas esas pastillas en todas direcciones y se forma esa flor gigante que ves”.

“Hombre, cada cosa es distinta. La mascletà es ruido y esto es un espectáculo visual. En Valencia no ves estas formas tan grandes ni con la basílica de fondo”. A lo que le contesta “yo te hablaba de las de Alicante”.

Las conversaciones se nos entremezclan como los juegos de luces y el sonido. El que sabe de esto le seguía dando la brasa a sus amigos, “sale del suelo, sube, se abre y se convierte en luces. Pura química y sincronización. Aunque hay que reconocer que queda precioso, ¿verdad?

“Ya, ya… pero cuando empieza la traca de verdad en una mascletà, esto se queda corto, ya verás. Aquí al final será un poco de ruido y listo. Y la madre, más bajito, creo que  le dice al niñó : Tú no hagas caso. Cuando empiecen a salir todos a la vez ya verás…”

Y así fue. Se hace el silencio y todos empezamos a aplaudir, creo que el escéptico sobre la traca también. Se acabaron las fiestas.

“¡Che… ahora sí!. Parecía que el cielo se rompía en mil pedazos de luz”.


 

jueves, 15 de octubre de 2026

ESTAMPAS BATURRAS: El maratón de peñas


El chaval, que debe ser aspirante a peñista adulto, pues, como si fuera de paisano, ahí va sin pañoleta ni tocinera, sujeta el mástil con las dos manos, haciendo méritos, como si llevara el alma de la peña. Detrás, una marea de peñistas, con sus uniformes de gala, camisetas blancas y pañuelos azules avanza al ritmo que marca la charanga: trompetas desafinadas de puro entusiasmo, bombo que marca el paso de una procesión profana, y canticos que se mezclan con las risas.

En las Fiestas del Pilar las peñas le roban a la gran ciudad su aire de capital y la convierten, por unos días y a ratos, en un pueblo enorme. Y la gente se para, se une, se deja arrastrar. Un grupo de adolescentes se engancha al final de la fila y empieza a corear lo que la charanga esté tocando. La charanga es el corazón. No es orquesta sinfónica ni música de escenario. Toca pasodobles que saben a verbena y jotas que se convierten en canciones de marcha. Ahí va Santiago, megáfono en mano cantando “la palomíca” y “los labradores”, como hace un día sin otro en las vaquillas. O esos temas que solo existen en la peña y que nadie más entiende, pero que todo el mundo termina cantando.

Pero tambien suena el “Despechá” de Rosalía, el “Quedate “de Quevedo, ”Mi gran noche” de Raphael o “la bulería” de Bisbal, el himno del Zaragoza o el "Moverse maños moverse"… “Dando guerra desde 1978”, y uno, que nunca ha tenido alma de peñista, añora esos años en que tenía la sede en la plaza de Sas, donde la casa Burgos, y desde los balcones animaban las verbenas que cada tarde se realizaban en esa plaza.