domingo, 20 de julio de 2025

POSTALES DESDE EL VERANO 2025: Detalles de Calatañazor

 


























De Calatañazor ya hemos enviado muchas postales de otros veranos. Ahí sigue, porque Calatañazor no es un decorado: es un pueblo vivo que ha sabido conservar su alma. Aquí no hace falta imaginar el pasado porque nunca se ha ido del todo.

Las calles son de piedra, estrechas y empinadas  se deslizan entre casas de adobe, madera y piedra, muchas con tejados combados por el peso de los inviernos sorianos. Las chimeneas cónicas, de formas curiosas, parecen salidas de un cuento antiguo. Las puertas bajas, los balcones de madera y las vigas al descubierto cuentan sin hablar historias de una vida sencilla, austera, pero también dura.

En lo más alto, dominando el caserío, se levantan las ruinas del castillo. Sus muros, hoy gastados por el viento, recuerdan su papel como vigía en tiempos convulsos, cuando los reinos cristianos y musulmanes disputaban estas tierras. Desde allí, la vista es asombrosa: se extiende el Valle de la Sangre, llamado así por la legendaria batalla en la que, según la tradición, Almanzor fue derrotado. "En Calatañazor perdió Almanzor el tambor", reza el dicho popular.

A un lado del pueblo se alza la iglesia románica de San Juan Bautista, sobria y hermosa en su sencillez. Sus muros parecen proteger más que encerrar, y en su interior se respira esa atmósfera recogida de los templos rurales, donde el tiempo parece suspenderse. Cerca, al borde del barranco, algunos bancos invitan al descanso, y uno puede quedarse allí, en silencio, oyendo solo el viento y el rumor lejano del río Abión, desde donde hemos llegado, a su paso por Muriel de la Fuente, tras un helador baño.


domingo, 13 de julio de 2025

POSTALES DESDE EL VERANO 2025: Los ogros del fútbol


 Acabó hoy el Primer Mundial de Clubs de Fútbol, que nos ha dado igual y no hemos seguido. Con lo que nos gusta tener deporte en verano. Luego se quejarán de la sobrecarga de partidos y del riesgo que corre la salud de los futbolistas. La cuestión es generar más dinero para que los equipos más ricos sigan siendo más ricos.

Los equipos ricos se han convertido en auténticos ogros que devoran a los demás. Con plantillas infinitas, presupuestos millonarios y la capacidad de rotar a estrellas como si fueran cromos, arrasan con todo lo que se les pone por delante. El resultado es un escaparate desigual, donde la balanza se inclina siempre hacia los mismos clubes, y donde el romanticismo del “fútbol para todos” se convierte en una fábula cada vez más lejana.

POSTALES DESDE EL VERANO 2025: Las ruinas del castillo






En una de esas tardes de veraneo que nosotros estiramos como un chicle, el cielo, pintado de azul suave y nubes doradas, caminábamos hacia las ruinas del castillo, entre los campos secos, siguiendo el recuerdo de esas historias que leíamos en veranos de otros tiempos en las novelas de Enid Blyton.

Allí estaba. Al final del sendero, tras los matorrales dorados y el susurro de las cigarras, se alzaba la vieja torre, orgullosa a pesar del abandono. Sus piedras, caldeadas por el sol, guardaban cicatrices de batallas, de vigilias, de siglos de silencio


 

sábado, 12 de julio de 2025

POSTALES DESDE EL VERANO 2025: Tarde de arco iris


Un arcoíris perfecto corona, tras la tormenta de verano, una tarde de lluvia y sol mientras el grupo, aún empapado y sonriente, posa en mitad del camino. Las nubes grises empiezan a disiparse, el cielo se abre, y el bosque parece arropa en silencio este instante de magia compartida.


 

domingo, 6 de julio de 2025

POSTALES DESDE EL VERANO 2025: El puesto de la Cruz Roja

 


Frente al mar, el viejo edificio de piedra parece brotar de la arena, con su arquitectura señorial y sus barandillas de hierro forjado desgastadas por la sal y el viento. Ahora, en pleno verano, rodeada de mansiones de estilo historicista y sus torres puntiagudas, acoge la más elegante “garita” de la Cruz Roja que uno puede encontrar en su devenir playero. Por algo está en la Concha de San Sebastián. Elegancia y cotidianidad.

En la arena, la vida playera transcurre con calma, de bandera verde: un socorrista desciende por la escalinata, un niño juega con su padre cerca del agua, y una toalla olvidada ondea débilmente al viento.