A las puertas de las murallas de
Ávila se levanta la Basílica de San Vicente, un monumento que justifican por sí
solos una parada en la ciudad. Uno de los grandes ejemplos del románico
español, aunque en ella también pueden apreciarse elementos que anuncian la
llegada del gótico. Ya fue declarado Monumento Nacional en 1882.
Construido fundamentalmente a lo
largo del siglo XII, desde esa época y hasta el siglo XIX sufrió varias
reformas, aunque éstas no alteraron sustancialmente su estilo arquitectónico
Dedicada a los hermanos Vicente,
Sabina y Cristeta, martirizados en el siglo IV, la basílica sorprende tanto por
sus proporciones como por la riqueza de su escultura.
Su portada hace que
inevitablemente uno recuerde al Pórtico de la Gloria de la Catedral de Santiago
de Compostela. En el centro aparece Cristo, rodeado a ambos lados por diez
apóstoles, representados casi a tamaño natural y conversando entre ellos. Sobre
ellos se despliegan cinco arquivoltas ricamente decoradas.
El cenotafio de los santos
Vicente, Sabina y Cristeta es, probablemente, la gran sorpresa del interior de
la basílica. Se encuentra en el crucero y es una de las obras maestras del
románico tardío español, realizada a finales del siglo XII.
No guarda los restos de los tres
mártires. Es un monumento funerario levantado para mantener viva su memoria. Realizado en piedra durante la segunda mitad
del siglo XII sus relieves cuentan la historia de los tres hermanos: su
persecución, su martirio y algunos de los episodios que, según la tradición,
siguieron a su muerte. También aparecen escenas bíblicas como la Adoración de
los Reyes Magos, que rescataremos cuando en Navidad recordemos a los Reyes
Magos en este blog.
En la cripta se encuentra además
la imagen de la Virgen de la Soterraña, venerada por Santa Teresa de Jesús,
siempre omnipresente en la ciudad de las murallas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario