La ermita de Santa Lucía se sitúa
en un lugar excepcional, un mirador que domina la playa y el puerto de
Comillas. Se fija su construcción alrededor de 1750, como lugar de devoción de
los pescadores que donaron la imagen de la santa a la ermita, a la que rezaban
cada mañana antes de salir a la pesca.
Pero antes, este lugar ya era una
atalaya para la vigilancia de la mar. La historia y la tradición de Comillas
nos cuenta que, cuando desde aquí se divisaban ballenas, se avisaba a los
pescadores mediante señales de campana. Comillas es conocida como la capital de
la industria ballenera, pues del siglo XIV al XVI fue el puerto que más
ballenas cazaba y, según parece, el último puerto en cazarlas.
El periodo de caza de la ballena
era de noviembre a marzo, durante esos meses los atalayeros vigilaban el paso
de las ballenas, y al divisarlas avisaban realizando fogatas para que al ver el
humo todos los marineros saliesen a la mar a cazarlas, en el caso de Santa
Lucía la señal se hacía con una campana, y posteriormente al abandonar la caza
de la ballena (la última en 1720) se construyó la ermita colocando en ella la
campana que tanto les había servido
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