jueves, 8 de febrero de 2024

ESTAMPAS DE CIUDAD: El kiosko


Cada vez quedan menos. Todos los barrios tenían su tienda de periódicos, su quiosco. Aunque no compraras prensa, siempre te quedaba leer titulares o mirar las portadas de las revistas colocadas a diario en sus escaparates repletos de historias impresas. 

Las noticias ya no se reciben con el olor a tinta fresca ni con el crujir de papel, sino a través de pantallas luminosas y clics rápidos. Ya quedan pocos; testigos de una época que se desvanece lentamente.


 

lunes, 5 de febrero de 2024

ESTAMPAS DE CIUDAD:El reloj suizo


El reloj suizo hace años que dejó de funcionar y en breve el anuncio desaparecerá. Y a Festina el ciclismo de los 90 le hizo mucho daño.

 

domingo, 4 de febrero de 2024

ESTAMPAS DE CIUDAD: Las quinielas


Una vez acertamos una de 14. Hace tantos años que no había todavía lo del pleno al 15. El premio se aventuraba escaso, pues se veía una quiniela fácil, con ningún resultado sorpresa. Lo raro es que pusiéramos ganando al Real Madrid o al Barcelona; siempre queremos que pierdan incluso cuando juegan entre ellos. 

Pero con las cifras que se manejaban en aquellos tiempos con una de 14, que menos que ilusionarnos con unas 100.000 pesetas con las que comprarnos un "estereo" con tocadiscos y  cassette de doble pletina con la que grabar de cinta a cinta  y dejar de usar el viejo giradiscos de maleta, donde la tapa era el altavoz. 

La quiniela era tan fácil tan fácil que la debió acertar todo dios quedándose el premio en 10.000 pesetas.

 

ESTAMPAS DE LA CIUDAD: En la barra del bar

 

El hombre solitario se refugiaba en la penumbra de la barra, su mirada perdida en el vacío de su vaso medio vacío. Con tragos cortos y suspiros profundos, su mente divagaba por los callejones de sus recuerdos, entre el tintineo de vasos y murmullos de conversaciones, entre risas y secretos, el tiempo se diluía, dejando en la barra el eco de un encuentro efímero pero eterno.

jueves, 1 de febrero de 2024

ESTAMPAS DE LA CIUDAD: El videoclub


Todo barrio tenía su videoclub, su propio santuario cinematográfico. El nuestro también. El cine Norte ya había cerrado hacía años, pero ahí teníamos este pequeño local con estanterías repletas de cajas de VHS desgastadas, esperando ser reproducidas en las televisiones de tubo de rayos catódicos. Los días del videoclub fueron contados en un mundo digital en rápido movimiento. Primero llegaron los DVD,s, luego internet y el acceso a contenidos bajo demanda.... ; otro negocio efímero sin posibilidad de adaptarse