martes, 22 de febrero de 2011

CARTAS COFRADES VI: Anatomía de un instante o el 23 de febrero de hace 30 años.



¿Dónde estaba usted el 23 de febrero de 1981? Preguntan estos días los medios de comunicación. Durante 30 años unos locos del tambor, entre risas y meneos de cabeza del tipo “en que estaríamos pensando”, nos recordamos unos a otros que nosotros pasamos las primeras horas del 23-F en CAYTASA, una vieja fabrica semi-abandonada en el Picarral ensayando la lenta, la cortada, la sevillana, el sube y baja…..

Allí estaba yo, con mis hermanos. También Morata con Kiko y Concha, y Abadía, Ricardo Navarro y Manolo Jimenez, Armando “el Chichi Ortiz, Julio Lázaro y Jorge Navarro. Seguramente los Bailo y alguno de los Clemente Alloza, de los Saldaña y de los Pardillos. Vicente Gracia, el “Carajillo, mi primo “el pelos”, los Serón, la Capacés…… Todos gente normal pero “tontos de capirote”, en este caso “de tercerol”, pues como cuentan en el libro del mismo nombre “el clan de las cofradías está formado por gente corriente y por tanto sujeta a todas las patologías del ser humano. Incluso (…) más propensos que otros a los excesos, porque ees éste un mundo de pasiones, y no hay cosa que nuble más el entendimiento que una buena pasión. La historia de España estaba al filo de dar un paso atrás y nosotros dándole al parche.

Puedo poner la excusa de que a las 18 horas y 20’, cuando Tejero pronuncia el “Quieto todo el mundo” yo llegaba a casa del instituto (en aquellos tiempos las clases duraban hasta las 18 horas) y que no pusimos la tele ni el transistor. Y nadie podía mandarnos un sms pues, aunque algún chaval le parezca increíble, hasta hace cuatro días vivíamos sin móvil.

Creo recordar, que durante el ensayo iba llegando gente con la noticia, pero nosotros a lo nuestro. Incluso había quien decía que la Brunete bajaba desde Castillejos por San Juan de la Peña, pero que no pasaba nada “que eran de los nuestros” (de los suyos). Bueno, esto no se si alguien lo dijo, pero seguro que alguno lo pensaba.

Ir a los ensayos de la cofradía en los primeros años de mi adolescencia me puso al día de eso que llaman “las dos Españas” y que uno hasta entonces, en su ignorancia provocada por “de eso no se habla”, no había experimentado. Donde guardábamos los tambores había una oficina con un cuadro del Franco de los años 50, toda una reliquia, una antigualla. La mayoría pasaba de él, mientras otros le rendían pleitesía y lo protegían de las acciones “terroristas”, todos medio en broma medio en serio, de los melenudos de la sección nada afines al antiguo régimen. Siempre he visto en detalles como este la grandeza de las cofradías. La realidad no es tan simple (blanco o negro) como a veces nos pintan en series de televisión o en medios de comunicación. Algo afín a la religión es capaz de cobijar bajo su manto a gente de derechas y de izquierdas, a empresarios y proletarios, o obreros y cirujanos, profesores y alumnos , parados, misicas y agnósticos por la gracia de Dios.

Cuando llegamos a casa, corriendo por unas calles desiertas con las baquetas y la bandolera en la mano, nos esperaba mi padre con cara de enfado.
- ¿Se puede saber donde co.. os habéis metido?. ¿No sabéis que han sacado los tanques a la calle?.
- Si… pero en la cofradía han dicho que son de los nuest….. (tortazo).
(Esto último no pasó, pero queda muy de Berlanga). Y es que, como dice Cercas en su obra Anatomía de un instante, muchas de las cosas no ocurrieron como las contamos, pero todos nos resistimos a que nos extirpen los recuerdos, que terminamos creyéndolos de tanto que lo hemos contado.

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