domingo, 22 de diciembre de 2019

HISTORIAS DESDE EL BELÉN: La castañera


Nuestro belén tiene su castañera. No tengo ninguna historia personal que me evoque a una castañera, pero hay que reconocer que es de los poco oficios callejeros que se mantienen invariables a lo largo del tiempo y que es un milagro que todavía se conserven en nuestras ciudades, como si se hubiera detenido el tiempo para ellas. Conocimos barquilleros por la plaza del Pilar, fotógrafos callejeros en la Lonja, serenos o repartidores de la "hoja deportiva". Personajes de un tiempo que no volverá, y sin embargo las castañeras ahí siguen, en la iglesia de San Miguel, en el paseo Independencia, en la Facultad de Medicina, en el Corte Inglés..... actividad que no se puede reinventar ni modernizar, adaptarla a los nuevos tiempos hacerla visible en las redes o digitalizarla.   

viernes, 20 de diciembre de 2019

HISTORIAS DESDE EL BELÉN: El mendigo


Aurelio es el mendigo de nuestra calle. Todo un profesional. Mendiga por la acera pero con cortesía. Solo pide dinero a los que nos conoce y cada dos o tres meses.Tiene su clientela establecida, a la que saluda educadamente (claro, hay que mantenerla) y a la que no quiere agobiar. Y presta servicios como compensación, tipo avisos, guardándote la vez en la fila del mercado, o incluso alguna pertenencia para que se la de a familiares o conocidos que pasarán a recoger dentro de un momento. Como por su "trabajo" tiene todo e tiempo del mundo, le  encanta dar conversación callejera, con olor a cerveza y a algún porro que otro.

Sería un digno miembro de "la corte de los milagros", pero a Aurelio le gusta ir por libre. Es más, nunca lo verás  al otro lado de la acera, en las escalinatas de la parroquia del Carmen o en la fila del comedor de la obra social. No le va eso de relacionarse con otros colegas y por eso no le gustaba acompañarme a que le hiciera la compra al DIA porque en su puerta pedía uno de la competencia. Y es que no siempre te pide dinero, hay veces que, o te acompaña a que le compres algo o te da la lista de la compra que se suele basar en choped, algo de queso y flanes. Los flanes tienen que ser de huevo porque los de vainilla le sientan mal. Aurelio es todo un personaje, y el día que no te lo encuentras te preocupas, y preguntas a la del estanco o en la farmacia si le ha pasado algo.

En nuestro "belén" el pedigüeño es ciego, con su lazarillo y todo. Como no se mueve, no sabemos si al volver a casa recobra la vista como los personajes de Victor Hugo. Y ya que hacemos mención a la literatura, estudiando COU en la Universidad Laboral tuve un profesor de esta materia que era ciego, además de peruano. Sus apuntes los traía en braille y a él lo traía su mujer, también profesora, que lo trasladaba de clase en clase, ataviado  en invierno con el típico gorro peruano y un poncho andino, y las maldades de las alumnas (cuarenta chicas, dos chicos por clase) decían que si no fuera ciego para rato iba vestido así. Cuando lo recuerdo me sale el nombre de Atahualpa; no se si porque se llamaba así o era otra de las maldades del personal. 

jueves, 19 de diciembre de 2019

HISTORIAS DESDE EL BELÉN: La panadera


"Voy a por el pan". "Vengo de comprar el pan"..... El pan nuestro de cada día.... y que no nos falte. Hay quien no sabe comer sin pan. Hasta las migas las come acompañadas de pan. Si no eres celiaco, y en casa hay dos, ¿a quien no le gusta una panadería? Y eso que en los tiempos que corren, las nuevas, que  afloran por doquier, han pasado a ser otro cosa; en ellas te puedes tomar un café o comprar una croqueta. Si huele a café o a croqueta, termina oliendo a bar; no a panadería. A su favor cuenta que la variedad de panes es amplísima, y que posiblemente estemos  comiendo mejor pan que en décadas cercanas. Especialmente los domingos, ya que antes los hornos cerraban y los lunes te tocaba ir al colegio con pan duro del sábado en el almuerzo.

Uno que es urbanita de toda la vida, salvo el amacerado, la hogaza y el de cinta, no conocía otro pan al margen de la barra. Luego estaban "los de pueblo", calificativo que se daba al que te traían de fuera con sabor a horno. Las nuevas panaderías le ponen al pan nombre y apellido con todos los cereales disponibles, conocidos y por conocer. En uno de esos nuevos establecimientos leí un cartel anunciando que tenían "pan de Chía". Desde la ignorancia pensé que debía estar muy bueno para traerlo de tan lejos. Chía, pueblo colgado en la Sierra de Chía entre el valle de Benasque y el de Gistaín. Chía, planta herbacea de la familia de las lamiáceas.

Me gusta la panadería "La Magdalena" en la calle Heroísmo. Entrar en ella es hacerlo en un establecimiento en el que se ha detenido el tiempo. Y al salir, te llevas contigo el olor a miga, corteza y tortas. No se si hay otra igual en Zaragoza. Si la hay apuntármela que iré raudo a conocerla, olerla y saborearla

Nuestra panadera "del belén" sale a repartir sus panes por las calles. De crío esto lo conocíamos en el barrio. A quien quería, y lo pagaba, le llevaban el pan a casa. Y al igual que el pan, otras cosas. El reparto a domicilio no es algo moderno. Tampoco el reciclaje de vidrio, el ir a la compra con cestas o capazos o el envoltorio en papel. También ocurre en muchas comarcas rurales donde la despoblación ha hecho que los hornos cierren y el pan llega del más cercano disponible. 

lunes, 16 de diciembre de 2019

HISTORIAS DESDE EL BELÉN: La lavandera


Mi abuela decía que el mejor invento de la humanidad era la lavadora. Que la lavadora había cambiado a mejor la vida de la gente corriente. O por lo menos se lo había puesto más fácil. Solo hay que ver las prestaciones que te ofrecen los programas de las actuales lavadoras, a cuando se tenía que hacer la colada en un río o en un lavadero público, esos que en  pueblos que todavía lo conservan se restauran como espacio de interés. También conocimos este verano las piedras coladeras ahora reconvertidas en mesa o de adorno de jardines. 

En la estupenda "Dolor y Gloria", que nos ha reconciliado con la filmografía de Almodovar, se recrea un ambiente de lavanderas, algo que no ocurría en Downton Abbey. Muy "fans" de esta serie, con ella aprendimos a distinguir un mayordomo de un ayuda de cámara, y no te digo ya de un lacayo primero o un lacayo segundo. El chófer, la cocinera, la ayudante de la cocinera, la ayudante de la ayudante de la cocinera, las criadas o las doncellas. Y sin embargo, con lo pulcros que iban todos siempre, no salía ninguna lavandera.

La lavandera de nuestro belén es originaria de otro más antiguo, y vino a recordarnos tiempos en donde la vida no era tan cómoda. Mi abuela no llegó a conocer los móviles, y mucho menos internet, que nos ha hecho la vida más fácil y a la vez más complicada, pero seguro que su lavadora seguiría en la cúspide de mejor invento.

domingo, 15 de diciembre de 2019

HISTORIAS DESDE EL BELÉN: Los pastores


Si bien nuestro patronímico  recoge el oficio, hasta donde se remonta el conocimiento de nuestros ancestros no encontramos ningún "pastor". Pepe lo fue en su niñez. Más de una vez te he hablado de él. La verdad, ha sido y ha hecho tantas cosas que ni en cuatro vidas llegaremos a hacer lo que él en una. Ha hecho tantas que no queda claro donde nació. El dice que nació en Dolores. Ya se que vas a decir que todos hemos nacido entre dolores, o "después de los dolores" que decía Chiquito, pero es lo que tiene esa localidad alicantina al lado de Orihuela, ahí donde nació Miguel Hernández, que también fue pastor. A Pepe no le conocemos vena poética, pero dale tiempo. ¿O acaso no es poético recorrerse la Celtiberia profunda porque le han dicho que uno dice que conoce a alguien que se encontró un boletus.? En busca de la seta perdida, como el buen pastor de la parábola.

De hecho, este verano actuó como el buen pastor. Nos encaminábamos hacia la Hoz de Orillares y apareció un corderillo digno de ser el de Norit. Al vernos se acercó balando hacia nosotros. No viendo ningún rebaño, más allá del que habíamos visto un par de kilómetros atrás en un corral, temiendo que el cordero perdido fuera pasto de los buitres que sobrevolaban las peñas de la mencionada hoz, e interpretando que el corderillo nos estaba pidiendo ayuda, Pepe lo acogió entre sus brazos para retornar al pueblo.

Al divisar en la lejanía al pastor del corral le grita que hemos encontrado un cordero. El pastor responde: Ah.
- ¿Donde se lo dejo? - Le pregunta Pepe.
- No se, -replica el pastor-. No es mío.
- ¿No sabrá de quien es? - le replicamos, 
- No.- Continúa el lugareño.
- Es que temíamos que se lo comieran los buitres
- Pues a lo mejor.
Por eso lo hemos traido
- Ah.
El pastor, cansado de la intensa y larga conversación que estaba manteniendo con nosotros se dió la vuelta y entró en el corral. Y nosotros, cansados de llevar al cordero en brazos, lo depositamos al otro lado de la cerca regalandole el cordero y retomamos nuestro camino.

El caso es que siempre que yendo con Pepe nos cruzamos con un pastor, las conversaciones tienen los mismos derroteros. El le suele preguntar ¿Cuantas ovejas tiene?, ¿Unas seiscientas?. Y el pastor a veces responde, "puede", otras "más o menos", o incluso "no se", a lo que Pepe asiente (según la cifra que haya dicho), si, unas seiscientas, unas seiscientas......

En nuestro belén hay siete pastores, pero los que enmarcan esta historieta son los más queridos, pues llevan recreándonos la Navidad desde 1996, siendo los primeros personajes que poblaron el belén después de la Sagrada Familia y los Reyes Magos.

Hasta el próximo pastor.