Bajo el sol de agosto, la procesión de San Roque avanzaba
lenta por las calles del pueblo. Suena la Jota de los Toros de Zaragoza o del
Último toro, en este pueblo son así de originales, y los hombres levantan los brazos al unísono
para bailar al santo. Alguien grita “¡Viva San Roque!” y el eco respondía desde
todas las bocas.
El pueblo entero cabe en ese momento: entre el santo, los
brazos alzados y el cielo limpio de las fiestas.

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