jueves, 2 de abril de 2026

CARTAS COFRADES 2026-XVII: Miércoles Santo


Serviría la carta de 2025 para explicar lo acontecido en la noche de este Miércoles Santo. Hasta la foto que la encabeza es prácticamente la misma. Y es que, como hace un año, esperábamos una noche muchísimo peor a la que hemos tenido. Frio ha hecho, pero la intensidad del viento nos ha dado una tregua tras unos día soplando con una fuerza que hacía difícil el discurrir de las procesiones o incluso plantear suspensiones.

Si en esta noche hubiéramos tenido el viento sufrido desde el Sábado de Pasión, la procesión de los Siete Dolores barajaba diversas posibilidades alternativas en el recorrido, incluso se tenía apalabrada la entrada en la Seo para concluir ahí la predicación de los dos últimos "dolores". También, de haber llegado al encuentro, se habló de intercambiar la posición del paso de la Dolorosa con el de Jesús Camino del Calvario, para que el de la virgen ofreciera el manto de cara a la dirección del viento. A nada de esto se tuvo que recurrir, y todas las procesiones, las ocho que acostumbran a hacerlo en Miércoles Santo, pudieron discurrir con normalidad absoluta. Desde Miralbueno o el Arrabal, por la Magdalena  o el barrio Oliver, saliendo de basílicas como el Pilar o Santa Engracia, o de los más hermosos templos barrocos de la ciudad como San Felipe y San Cayetano.

Esta carta siempre queda limitada a lo que uno vive bajo el tercerol. Démosle contenido contando que la Dolorosa adelantó su hora de salida a las 21 horas pues presentaba cambios en el recorrido al querer realizar el IV dolor, y no el VI, en la plaza de Santa Cruz, junto al edificio donde se originó la Sección de la Virgen de los Dolores en 1938. Lógicamente esto implicaba tener que esperar en la calle Alfonso el paso de la Humillación, fiel a sus horarios de años anteriores. Y poco más te puedo contar que no vieras o no sepas ya.

En el pregón se dijo que las tres edades representadas en el misterio de la Exaltación de la Santa Cruz que acompañaremos mañana, simbolizan el paso del tiempo y la fragilidad de la vida. Pero también nos recuerdan a nosotros, cofrades, que lo hemos sido en las diferentes etapas de nuestras vidas, dando lo mejor de nosotros cuando éramos niños, adolescentes, jóvenes, adultos, haciéndonos cada vez más mayores. Y compartiendo como hoy con otros niños, jóvenes, hombres y mujeres de diferentes generaciones. Posiblemente, cuando llevas más de cincuenta años participando en la procesión de esta noche, no haya en el año un momento que no te devuelva, que no te confronte con ese paso del tiempo, con esa fragilidad aludida. 

Porque al principio todo era asombro. Era la ilusión de ponerte el hábito, de ceñirte el cíngulo, de colgarte la medalla, aunque odiaras la gola y la pequeña vela que llevabas en la mano porque querías el incensario. Sentir el peso solemne de aquello que no terminabas de comprender, pero que sentías como algo grande. Llegan los años en los que empiezas a entender, a mirar alrededor, a descubrir que la procesión no es solo un recorrido, sino una forma de compartir esfuerzos y creencias.

Más tarde, sin darte cuenta, te conviertes en quien guía, en quien acompaña, en quien explica a otros lo que un día te explicaron a ti. Y todo cambia de nuevo: ya no solo participas, sino que sostienes. Ya no solo sientes, sino que recuerdas mientras sientes.

Con los años, la mirada se vuelve distinta. Más serena, quizá más consciente de lo efímero. Cada procesión, cada rezo de “dolor”, cada instante tiene un peso diferente, como si sumaras todos los “encuentros” anteriores. Y entiendes que la procesión no es la misma, porque tú tampoco lo eres.

Y, sin embargo, hay algo que permanece. Algo que te une al paje del incensario, al adolescente que soñaba con redoblar la lenta, al joven que quería ser jefe de tambores, al adulto que aprendió a comprender. Una misma emoción que atraviesa el tiempo, que se renueva cada año y que te recuerda que, aunque todo cambie, hay cosas que permanecen.

Tal vez por eso, cuando cada año sales de San Cayetano, no solo haces procesión por las calles de siempre. Caminas también por tu propia vida con el sentimiento de haber estado siempre ahí.






 

miércoles, 1 de abril de 2026

CARTAS COFRADES 2026-XVI: Martes Santo

 


Hay años que recordamos por un aniversario celebrado, por el estreno de un nuevo paso, por algo unido a tu biografía o vivencia personal. Muchos por suspensión o alteraciones de la procesión debido a la lluvia, por el frio padecido… Este 2026 quedará en la memoria por los condicionante provocados por la fuerza indomable del viento.

En una ciudad donde el cierzo forma parte del alma zaragozana, y cuya presencia hemos aguantado, sin estar invitado, en demasiadas ocasiones, este año se convierte en protagonista. Tanto que no solo incomoda, sino que condiciona, alterando actos y recorridos y poniendo en jaque a los cortejos. Los capirotes se agitan, las túnicas, mantillas y terceroles se arremolinan y los cirios ni siquiera se intentan encender porque sería imposible mantener la llama en un pulso desigual contra el viento.

Este Martes Santo continúa siendo el de las procesiones con los estandartes tumbados, el de modificación de recorridos, el de alterar apariciones, el de redoblar esfuerzos empujando pasos o sujetando guiones. Y en la medida de lo posible evitando aquellas avenidas y esquinas del cierzo, donde este impone todo su poderío.

 Como hacen “los Despojados” en la parte final de su viacrucis evitando la plaza del Pilar. O la Piedad no queriendo pasar por la Puerta del Carmen, en el traslado del Cristo del Refugio, a cuya entrega acudieron el presidente de Aragón y la alcaldesa de la ciudad.

A “la Verónica” no le queda otra que recorrer el paseo María Agustín, pero tiene que dejar de pasar por la calle Ossau debido al desprendimiento de tejas en la esquina con la calle Estébanes. Si va a la procesión de la Dolorosa camino del Encuentro, su habitual el no pasar por estas calles ya estaba previsto, el recorrido había sido modificado al querer celebrar el IV Dolor en la plaza Santa Cruz.

Creo que es la segunda vez que uso la palabra “desprendimiento” en estos días. Una palabra de lo más habitual en la prensa cuando se lían con dos cofradías. Así que escribamos bien lo que viene ahora. El Descendimiento decide no portar los guiones de la Buena Muerte y de la Congregación, ni los faroles de la Buena Muerte y unir la tercera y cuarta lágrima en Santa Engracia. Así no pasan por el Coso, recorriendo desde la plaza de España Don Jaime, Espoz y Mina, Manifestación y concluir la procesión en una iluminadísima por ellos plaza de San Cayetano.

El cambio más significativo y lógico fue el decidido por “la Crucifixión”, que la Virgen de los Ángeles en su Tristeza se incorporase a las procesión en la Plaza de la Seo para el acto del Stabat Mater con el canto del de Pergolesi, evitando así cruzar el puente de piedra tras el viacrucis por el barrio Jesús. La Virgen fue trasladada desde el museo del Rosario de Cristal hasta la plaza de la Seo incorporándose para continuar el resto de la procesión. La noche no colaboraba, pero este acto en la plaza de la Seo merece ser más conocido y acompañado. Emotivo, y con presencia del delegado del Gobierno fue la estación rezada en la plaza de la Esperanza en el lugar y como recuerdo de las víctimas del atentado contra la casa cuartel de Zaragoza de 1987. Año muy especial para “la Crucifixión” en su 75 aniversario, que celebraremos todos el Jueves Santo en torno al nuevo paso del “Enclavamiento”.

Ni la procesión de la Oración en el Huerto, con todo su cortejo desplegado en torno a los tres pasos, los tambores y la banda de Villanueva de Gállego, no el viacrucis de “la Eucaristía” en torno al Cristo del Perdón y el sonido de los Ministriles por las calles del Perpetuo Socorro, sufrieron modificaciones en el recorrido. Ni Conde de Aranda y el Coso, para la primera son negociables, ni la Avenida Goya para la segunda es evitable.

Un intenso Martes Santo, distinto, marcado por el cierzo, que tal vez ha hecho ver menos público en las aceras, pero que no ha evitado que la plaza de San Cayetano, en las despedidas de las imágenes estuviera abarrotada de gentío, expectación y emoción. Hasta se ha reconquistado la fuente de la Samaritana.