En Netflix vimos aquella serie sobre Enrique VIII, "Los Tudor". También un documental sobre “La
Torre”; así nos ibamos ambientando e ilustrándonos. Tanto en una como en la otra te
empapas de forma amena sobre la historia de la Torre de Londres, una fortaleza
con cerca de mil años de historia y símbolo del terror de la corona británica. La
Torre Blanca, que da nombre al castillo entero, fue levantada en tiempos de la
conquista normanda, y desde entonces forma parte de la historia de Inglaterra,
sirviendo de palacio, armería, casa de la moneda, zológico (que ya era motivo
de visita turística en el siglo XVI), y guarda de las Joyas de la Corona.
A España le persigue su leyenda
negra. En la Torre, el número de ejecuciones durante la persecución de
católicos y otros enemigos (además de dos de sus esposas) de la corona en tiempos de Enrique VIII y su Acta de
Supremacía, supera con creces a los de la Inquisición Española en siglos. Las últimas
ejecuciones acontecidas a lo largo de la historia las sufrieron espías durante
la Segunda Guerra Mundial
Todo esto hace que sea uno de los
lugares turísticos por excelencia de la ciudad londinense, también rodeada de
todo el boato y circunstancia que se dota a las tradiciones de la corona
británica. Y así tenemos a los famosos Beefeaters, que habitan la fortaleza y
actúan como guías turísticos y participan en la ceremonia de las llaves a la
hora del cierre de la Torre durante la noche.
Y junto al lado de la Torre, para
cruzar el Támesis, aparece ante nosotros una de las postales más reconocibles
de Londres, aunque solo tenga los 125 años celebrados este pasado julio. El
Puente de la Londres se hizo necesario con el crecimiento de la zona durante el
siglo XIX, y se hizo levadizo para no afectar el tráfico fluvial.
Pero antes hay que hacerle
una foto, o hacerse una foto con el puente de fondo, una obligación de todo turista
por Londres.
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