jueves, 21 de marzo de 2013

CARTAS COFRADES 2013-XII: El Concurso de Tambores



Me preguntaron ayer que qué me pareció el concurso. De manera poco asertiva salí al paso (que no marcando el paso) con la frase hecha de "bien hombre bien, como siempre". Sin embargo no me pareció como siempre, tal vez a causa de la edad y sobre todo de que llevaba lustros sin tragármelo entero, por lo cual a lo mejor lleve lustros así y yo sin saberlo. Si es así estaré ejerciendo de comentarista de Formula 1, esos que saben lo que los ingenieros y pilotos, con su formación, conocimiento y la tecnología de su parte no saben.

Quede por delante que el concurso me encanta, como he argumentado en anteriores cartas, aunque creo que lo que me queda es el poso de haber sido participante y el recuerdo que de esto deja en los ensayos, los preparativos, la convivencia de largas semanas de ensayos y los nervios del día de autos. 

Lo que hoy se toca y como se toca era inimaginable décadas atrás. La calidad de la composición, a la altura de los mejores espectáculos de percusión, lo mismo que la habilidad y el virtuosismo de la mayoría de los tamborileros, incomparable con generaciones pasadas. El primer concurso lo ganaron con una "sevillana" de salida y con una marcha que comenzaba con la cabecera de la 20th Century Fox. A años luz no solo de los ganadores del 2013 (enhorabuena Descendimiento) sino de la totalidad de los participantes.

La misma presentación de las cuadrillas. Ahora se muestran todas a pecho descubierto, escondiendo pocas cartas. Antes, y solo hay que ver las fotos, las cuadrillas formaban con distintas agrupaciones, que tenían explicación, pero que entre estas estaba la de esconder al que iba más flojico.

Pero hemos llegado a un punto, que seguro que las cuadrillas futuras también superarán, en el que todos tocamos lo mismo. El domingo daba la sensación que había ejercicios obligatorios, como en gimnasia artística, donde uno de ellos era el redobles o  series de baquetazos haciendo la ola. Unos mejor que otros, es cierto;, aquellos con mejor engranaje compositivo que los de más allá, también... pero todos llevando las mismas "evoluciones" que dicen los de la Formula 1. Recurriendo a este símil es como si todos llevaran el mismo coche, y la diferencia la marcan los pilotos y el diseñador. Tampoco está mal que sea así, pero el producto sale demasiado monótono. Las marcas también cuenta (siempre han contado), y todos sabemos que no es lo mismo llevar el logo de Ferrari que el de un Marussia (me refiero solo en concurso). De hecho, si hubiera sido el concurso en Hijar, seguramente hubiera ganado el Calvario de Almassora seguida de las Siete Palabras. Ya se que las Siete Palabras iba en exaltación, pero en Hijar eso les daría igual. El vídeo no mató a la estrella de la radio, pero si al genio de la inspiración del compositor de marchas de concurso. Ayyyyy... donde quedan esos tambores destensados.... esos parches de madera, ......las timbaletas, .......las cajas chinas.... salir desde diferentes sitios.......

Casi se agradecía cuando tres cofradías (yo distinguí a tres, igual hubo más). introducían alguna de sus marchas de procesión más características y reconocibles dentro de la composición. Y a una cuarta le reconocí otra de una de las anteriores. Eso sonaba de escándalo. Veinticuatro virtuosos por cuadrilla tocando parte de lo mejor del patrimonio sonoro de nuestra cultura de tambor (y del bombo).

Pasa lo mismo con la formación que decía antes. Es cierto que ahora es para mostrar el virtuosismo de los componente, pero esto hace que salgan casi todos igual. Las agrupaciones que se creaban anteriormente no solo servían para esconder (anda que no me tocó esconder a mí). También comunicaban mucho sobre el sentido de la marcha. Y como no me quiero enrollar no lo voy a explicar, porque además queda muy claro en un libro titulado "Percusión e identidad" publicado por Lourdes Segura en 1987 sobre una aproximación antropológica a los pueblos de la Ruta del Tambor.

Lo de la ubicación es otra cosa. Hemos ganado en comodidad y cobijo ante las inclemencias del tiempo, pero la sonoridad del aire libre no tiene punto de comparación para posibilitar una mejor percepción de ese detalle, ese golpe maestro que todas las cuadrillas quieren mostrar. Y esto si que tiene difícil arreglo

¿Porque cuento todo esto?. Porque me encanta hablar de tambores. Tomatelo como una conversación del bar que no frecuento. Y porque estoy convencido que en breve alguien volverá a abrir una nueva etapa creativa. A lo mejor está en tu cofradía. Parece mentira lo que se puede hacer con una sola nota. ¿Quieres ser tú?

A N.P. y M.E. constructores de toda una época

Foto Arancha GP