domingo, 13 de mayo de 2012

El Arrabal en fiestas. Altabás y San Gregorio

El Arrabal está en fiestas, y como todo segundo domingo de mayo hoy celebrará
la romería a la ermita de San Gregorio. Si al salir por la carretera de Huesca, a la altura de la Academia General Militar, miras a tu izquierda a lo mejor la ves, pues como dijo Alfonso Zapater "parece una paloma posada sobre el secano dispuesta a remontar el vuelo en cualquier momento para ir a saciar su sed en las aguas del Gállego".

Como antesala a la romería tuvimos ayer procesión del santo por las calles del viejo arrabal, desde la parroquia de Altabás a la casa del Mayordomo de la Hermandad. Mira que me gustan a mí las procesiones, pero no recuerdo que esta se hiciera en tiempos de mi infancia, y eso que mi padre pertenecía a la Junta. También es verdad que actualmente, en este estado laico en el que vivimos, las procesiones proliferan por doquier. Fue una buena excusa para cruzar el puente y adentrarnos en las viejas calles del viejo (nunca ha estado tan nuevo y presentable como está ahora) Arrabal: La calle Ibort, la plaza del Rosario, Villacampa……

Foto de Fernando Román. Obtenida de la página Fiestas Arrabal

El paseo de la tarde de ayer por estas calles me han provocado las ganas de hablar del barrio de mi familia (mi padre nació en el nº3 de la calle Ibort, luego vivió en la calle las ranas y en Ricardo del Arco. Ninguna de las casas permanece en pie), donde yo nací. Los arrabaleros, parroquianos de Altabas, decían que se iban a Zaragoza cada vez que cruzaban el Puente de Piedra. Hoy te venden pisos más allá de la iglesia, donde entonces había campos o vías de la Estación del Norte y te los promocionan diciéndo que están en el mismo centro de la ciudad. De Arrabal ya sólo te queda el nombre, y cualquier día lo cambian (para que quede más pijo). Y así sólo nos quedarán esas fotografías en las que desde la torre del Pilar se veía la arboleda de Macanaz, el convento, los campanarios de Altabás, la estación, y el caserío en torno a la plaza del Rosario, con calles de nombres tan evocadores a pueblo como la del Horno y su callejón de Lucas, la plaza de la Mesa o la de las Ranas, que hace 60 años ya no se llamaba así, pero así seguían llamándola (¿vivirá hoy alguien en la calle Mariano Gracia que sepa que esa es la calle las Ranas? Hace poco colocaron unas ranas para recordarlo, pero ayer no encontré ninguna).

Pero hoy desde la torre del Pilar ya no se ven cercanos esos campos, tampoco el ferrocarril. Pero ni siquiera se ven las torres de Altabás. Los campos y los huertos, y los trenes se fueron, ya no son de este tiempo. La iglesia queda pero totalmente encerrada entre bloques de elevadas casas, eso sí, en el centro de la ciudad. Tampoco se ve el colegio a la sombra del campanario, que hace menos de 30 años aún acogía escolares con algunos maestros que lo habían sido de sus padres, aunque en esto se llevaba la palma Doña Matilde en su escuela de la calle Sixto Celorrio. Los de Candido Domingo se retaban con el otro colegio, el del Tío Jorge, a jugar al pelotón en lo que llamaban las hierbas. Hoy ya no son hierbas, son césped con estanque, prolongación del Parque Tio Jorge.


Y es que en el barrio todo evoca a Jorge Ibor, el Tío Jorge para los más y el tío cuello corto para los íntimos. Uno de los héroes más representativos de los Sitios de Zaragoza y guarda personal del General Palafox, pero ante todo agricultor y arrabalero, que nació y murió en la su casa de la calle del Rosario, hoy calle Ibor, frente a la Parroquia de Altabás. Y ya que hablamos de generales, decir que esta calle conducía a la que en el año 1929 dedicó Zaragoza al que por aquel año dirigía la Academia General Militar, el General Franco. No se si la Ley de la Memoria Histórica me permite evocar esto.

Y cuando hablamos de la Parroquia de Atabás lo hacemos de una de las más antiguas de la ciudad. Ya es citada por los cronistas en 1096 cuando el ejercito sarraceno procedente de Zaragoza acudía a la Batalla del Alcoraz en Huesca, haciendo referencia a que la vanguardia alcanzaba Zufaria (Zuera) cuando la retaguardia no había salido del barrio de Altabás, frente a la iglesia.

La iglesia no siempre ha ocupado el mismo emplazamiento. Documentada está ya como parroquia en el siglo XIV junto al Puente de Piedra, y que fue destruida el 9 de julio de 1813 por el ejercito francés en retirada al volar la última arcada del puente. La iglesia de Altabás volvió a levantarse, en su actual ubicación, según proyecto de José de Yarza de 1858, y abierta al culto en 1892. Pero en todo este tiempo la parroquia siguió funcionando. Hasta hace poco menos de una década seguía en pie, en la esquina de Sixto Celorrio con Lacruz, la vieja casona  de ladrillo y arcada tradicional aragonesa que la albergó. Una oxidada y torcida cruz aún visible sobre el tejado recordaba a los más viejos el lugar de la parroquieta.

Ahora, situada en el nº 12 de la calle Sobrarbe, se alza en tendencia neoclásica, con una austera fachada de ladrillo y tres naves. Entre sus piezas artísticas destaca el Cristo de Fuenterrabía, ya fechado en 1634, siendo el resto de su imaginería del siglo XIX, con mención a una hermosa Virgen Dolorosa en la Capilla junto a la Sacristia, merecedora de cualquier procesión. Pero la gran riqueza de esta parroquia, de siempre, ha estado en los parroquianos, con gran tradición en amplios y diversos grupos de pastoral, desde Acción Católica a Campamentos de Verano, pasando por catequesis o Adoración Nocturna, y una pléyade de curas comprometidos por el barrio, remontando desde D. Leandro Lop y Jose Antonio Blanco hasta Pedro Martínez Tello, Mosen Domingo Agudo, Juan Antonio Gracia o Ignacio Bruna, que son los que recordamos en la familia.

En cuanto a la tradición de San Gregorio parece ser que hay documentos que sitúan su origen a principios del siglo XVII, y que se levantó en el lugar donde la tradición dice que cayó agotado Gregorio en su viaje desde el Midi Francés hasta el templo del Pilar. En el 590 llegaría a ser Papa, y al ser el Santo protector contra la langosta, es de suponer que siglos después, las gentes del campo próximas a la ciudad, levantaron allí una ermita desde la cual hacer rogativas y poder bendecir los campos, fundándose una cofradía.


A pesar del paso de los siglos, y sobre todo de los cambios sociales que han hecho desaparecer los vestigios agrarios de nuestra ciudad, el atractivo de la ermita sigue vigente. Ojala los barrios del Arrabal (en mi casa nunca dijimos eso del Rabal, sera que eramos muy finos) y de San Gregorio sean capaces de seguir manteniendo esta ancestral tradición.

San Gregorio a principios de los 60. Mis padres de novios con mi bisabuela, mi abuela y dos de mis tíos.

Si esas interesado hay un libro publicado en 2002 que nos cuenta todo esto y mucho más. Está escrito por Jesús Madre Casorrán con el título En torno a la ermita de San Gregorio. También tenenos el de Esteban Trigo, titulado “Mi pequeña historia de aquel viejo Arrabal”, editado en 1994, o el más reciente “Zaragoza desde la orilla. Cultura popular en el barrio del Arrabal” de 2010. Tampoco nos podemos olvidar de la "Guía Turística del Arrabal" que vio la luz en junio de 2011 promovida por la Asociación de Vecinos Tío Jorge Arrabal.