domingo, 29 de mayo de 2011

CRONICAS ROMANAS IV: El Vaticano, una caja de hacer dinero.





En “Que bello es vivir”, Clarence, angel sin alas de segunda clase, le dice al camarero Martini, que cada vez que el timbre de la caja registradora suena es que un ángel acaba de conseguir sus alas. Esta debe de ser la explicación. El Vaticano hace caja para repartir alas.



Estos días decía la gozada que es entrar a cualquier iglesia y no pagar para ver el Moises, los Caravaggios, mosaicos paleocristianos……… También uno puede entrar y fotografiar con libertad en la basílica de San Pedro, pero como es, hasta cierto punto normal, para entrar a los Museos Vaticanos, donde incluyen la Capilla Sixtina, hay que pagar entrada. 15 euros la entrada más 4 si las pillas por internet, lo que en teoría supone elegir una hora y no hacer filas.



Entre las 9 de la mañana y las 14 horas no hay tajadera. En ningún momento pone aforo completo. Hay entra todo dios (nunca mejor dicho) previo paso por taquilla. La de gente y gente que puede entrar cada hora, cada día, casi todos los días del año…. Un dineral.

Y es que además, a pesar de formarse tres filas en la calle, una formada por los que van por libre, otra para los grupos concertados y una tercera para los que tienen hora, que efectivamente entran a la hora concertada, una vez traspasas la primera puerta las tres filas se mezclan en un solo rebaño para pasar por los escáneres primero y luego para seguir el itinerario correspondiente, que lógicamente casi el 99% elige ir hacia la Capilla Sixtina que se encuentra al final del trayecto.



Era la tercera vez que entraba, y esta vez no disfruté como merece el lugar. Atraviesas pasillos tras pasillos dentro de un rebaño que te empuja. Prácticamente no puedes pararte a contemplar esta obra, aquella, la sala de los mapas, las estancias de Rafael….. y mucho menos la Capilla Sixtina. Encima para pasar de estancia a estancia hay que flanquear unas puertas de cristal que aun estrechan más el paso.



Es lo que tiene lo del los viajes low cost que han vulgarizado (perdón democratizado) el turismo (vamos…. me sacan hasta a mi de casa) y nos llevan a todos a los mismos sitios.



De las anteriores veces han cambiado el itinerario por los museos. Ahora sales por donde antes entrabas (junto a la Basilica) y perdiéndote si no estás al tanto el descender por la escalera helicoidal. Y ojo como dejes algo en la consigna (por ejemplo un trípode), que tienes que volver a buscarlo.



La cuestión es que sales de los Museos y te topas con la otra fila, que digo fila, rebaño, para hacer la otra caja, la que conduce a la cúpula. En la foto se ve la fila que sale del museo y la que espera subir a la cúpula. Desilusión mejor dejarla para otra ocasión. Espero.



Ya que empecé la crónica con una película la termino con otra. En los títulos de crédito de “Vacaciones en Roma” se ve una perspectiva de la Plaza de San Pedro prácticamente vacía, incluso con coches circulando entre la columnata. Entonces no había viajes baratos. Hace 17 años tampoco, entonces no hice apenas fila ni para los Museos ni para la cúpula. Ahora parecía el Pabellón de Japón o de Alemania en