miércoles, 13 de octubre de 2010

Ya están aquí las Fiestas del Pilar 2010. (VI): Fiestas por un Tubo


Fiestas pasadas por agua las de este año, y es lo que tiene esta, como recitaba el añorado Labordeta, “madrastra, madre inútil, de invierno de un estío brutal sin primavera”, y que cuando llueve, mira que tiene días el año, atina y lo recuerdas. Ni a idea. Y en los últimos años, anda que no ha llovido con ganas, como el chaparrón de la Ofrenda de 2008, “parecidico” a la tormenta que se tragó el pregón del sábado o la granizada del Viernes Santo de 2005.

Al lado de estos momentos, la lluvia que ayer acompañó la Ofrenda de Flores sólo ha sido un “calabobos” pero que nos ha dejado “chipiaos” y ha tapizado el recorrido del triste colorido de los paraguas. Uno pensaba, como llueve esto irá más rápido, pues no. 2 horas para recorrer Independencia entre las 9 y las 11 de la mañana. Algo ha debido fallar en la coordinación de alguna de las entradas cuando a Juanjo Hernández, en la SER, le decían algunos paisanos que fenomenal, que habían llegado con una hora de adelanto.

Pero quedémonos con los mejores momentos, y en los últimos años estos los disfrutamos, sea por la mañana, por la tarde o por la noche en los Almau. La de años que llevamos juntándonos allí tras dejar las flores. Buen vino, mejores salmueras, alguna bandurria anima algún jotero y la conversación de Miguel Ángel (y en menor medida de Noé, gran nombre para un bodeguero). La familia Almau han sabido combinar lo castizo del Tubo de siempre con nuevas y dinamizadoras propuestas para su barrio. Se merecen el éxito y el renombre que han adquirido, pues no es sino fruto del trabajo y de la innovación, pero también la recompensa por haber resistido en el Tubo, junto a la Ortopedia La Francesa, el Texas, Casa Pascualillo y pocos más, en los peores años de la historia de estas calles, quedándose prácticamente solos durante la década de los 90 (se fue la chocolatería de la izquierda, la alpargatería de RosaBlanca, Mantequerías Buisan.....).

Por eso me gustó la columna que escribió Juan Marín en el Heraldo el domingo, porque pienso lo mismo que él, que decía: “A mi, lo que no me gusta del Tubo es que se está perdiendo su carácter canalla y se está convirtiendo en una zona para turistas y gente guay. Si no fuera por las Bodegas Almau, la barbería o la condonería, ya se habrían olvidado las raíces castizas de este barrio (....) y encima es una zona cara.” Uno no es canalla ni turista ni guay, pero me siento como del Tubo.