lunes, 21 de junio de 2010

Mis Historias de los Mundiales: Italia 1990, entre exámenes.




El Mundial de 1990 se desarrolla entre los últimos exámenes de la carrera y el pensar ¿qué hago al curso que viene una vez terminado el ciclo natural de EGB, BUP, COU y Universidad? por lo que no tengo grandes recuerdos. Es más, a España la elimina Yugoslavia en octavos de final el 26 de junio por 2-1, la tarde antes del último examen de mi vida académica, el de Historia de España del profesor Forcadell. Peor lo tenía Arancha, que estaba realizando la selectividad. Las vacaciones compensan la desilusión. Vacaciones truncadas porque a los pocos días me operaron de apendicitis.

De aquel Mundial recuerdo los goles del veterano camerunés Roger Milla y los bailecitos que se marcaba en el corner. Me hacía gracia, tal vez porque uno no estaba acostumbrado a ver esas excentricidades. Años después vendrían los acunamientos de Bebeto, los avioncitos de Ronaldo, la camiseta subida tapando la cara de Rivaldo, los besos al anillo de Raúl, los bailecitos de mil tipo entre quitarse la camiseta, chupetes varios, mandar callar con el dedo, taparse los oídos, los pulgares al nombre.......hasta la impresentable “cucaracha” de los brasileños del Madrid. Me cansan.

Me cansan. A mi me gustan los goles en los que sales corriendo, levantando los brazos, dando un salto, en busca de tus compañeros o de la grada. Celebrar los goles con los compañeros o los aficionados, y no centrado en tu ego o en la tontada que ya tenías preparada (tampoco aguanto las tontadas de Jorge Lorenzo, a fin de cuentas no son sino copias de las que hacía el gran Valentino, y que ayer mismo se rodeó de 3 gansos disfrazados de The Beatles). A veces pienso que de tanto preparar las cosas igual no das el 100% de concentración. Tal vez porque tenía 14- 15 16 años.... me encantaban los goles que se celebraban colgados de la valla, aquellas en las que se nos encerraba a los hinchas como animales, con todo lo peligroso que podía ser ese momento, como muchas veces ocurrió. Esto de las vallas, por mucho que tengamos a veces otras percepciones, demuestra que vivimos actualmente en una sociedad mucho más educada y civilizada que la de generaciones anteriores.