jueves, 2 de julio de 2009

EL CAMPAMENTO VIRGEN BLANCA EN EL RECUERDO



Un anuncio nos dice “no soy lo que tengo, es lo que soy”. Pues bien, gran parte de lo que soy y lo que tengo se lo debo a los años que pasé en el Campamento Virgen Blanca, en el Valle de Gistaín, tanto como niño acampado como monitor (instructor, que decíamos entonces).

El programa de la Televisión Aragonesa, La Vida sigue Igual, le dedicó hace una semana un poco de su tiempo, y esto es algo que hace justicia, pues a lo largo de más de 50 años en ese Campamento de verano, creado en 1952 para los Aspirantes a Jóvenes de Acción Católica, se propusieron educar y ayudar a crecer a niños y jóvenes en valores positivos y humanos, también cristianos, adaptándose a los distintos momentos que le tocó vivir. En Monlora, Aragües, Rioseta, Pineta y desde 1967 en Gistaín.

En Virgen Blanca se educaba en valores de esfuerzo, compañerismo, amor, respeto por la naturaleza, utopía, crítica, servicio, fe..... pero no a base de adoctrinamiento, sino viviendo, compartiendo y experimentando durante 20 días en una pradera, a 1500 metros de altura alrededor de unas tiendas de campaña.

Subí por primera vez en agosto de 1978, la verdad que no muy convencido (es más, me pegué llorando la mitad de los días). Acababa de morir Juan Pablo I por lo que las banderas de España, de la Acción Católica y de Aragón se izaban en el mástil a media asta, en torno al que nos reuníamos a primera hora de la mañana y a última de la tarde para, entre otras cosas, cantar el himno (Tu pecho fuerte entona una juvenil canción....... es un himno de victoria...... es el triunfo del amor.....).

Quien lea esto y no lo conozca pensara.....uyyyy ......esto suena a Frente Juventudes, a fachas..... a la OJE..... a curas....... nada más lejos de la realidad. De repente empecé a conocer cosas totalmente ajenas  para un chaval del Arrabal que nunca las había oído en casa o en el colegio, y a cantar canciones de la Bullonera, de Labordeta, de Carbonell, de Victor Jara, de Mercedes Sosa, Silvio Rodríguez, Pablo Milanes, Serrat, Paco Ibañez.........y a entenderlas.............y a formarme unos presupuestos mentales, empezando a hablar y conocer, con mucha mayor libertad que en el colegio de temas de política, de coeducación, de sexualidad, de afectos, de la iglesia, de la otra iglesia (la de la liberación, la de Oscar Romero....), de la educación en valores, de la pedagogía de la fe............todo esto acompañados de educadores jóvenes, a los que dábamos más crédito que a nuestros padres o profesores.

Ser de Virgen Blanca (es algo más que haber ido a...) imprimía carácter, y a mí y a muchos a lo largo de todos esos años nos educó en todos los aspectos de la vida, desde el familiar hasta el laboral, pasando por lo ideológico, lo religioso, los gustos musicales o las aficiones (amor a la montaña, a las costumbres, a lo aragonés......)

El ser humano es sociable por naturaleza y la sociabilidad se manifiesta por la integración en un grupo. Esto lo posibilitaba Virgen Blanca. Te posibilitaba el deseo de hacerlo y las aptitudes para vivir con otros. En unos momentos claves en la vida de una persona como es la pre y la posterior adolescencia. Y en unos años de profundos cambios en la sociedad española. A estas edades uno necesita más que nunca identidad e identificarse, sentirse parte de algo para significar y significarse. Todo esto te lo proporcionaba el proyecto educativo del Campamento, impregnado en unos valores que nos han ayudado a crecer como personas.

Significativo es que, yo que trabajo con adolescentes (tres de los 5 jefes que he tenido en mi vida han sido de Virgen Blanca), allí donde me toca acudir siempre aparece alguien vinculado al campamento (directores, orientadores, profesores en Institutos y colegios o Centros Sociolaborales, médicos y psiquiatras en Centros de Salud y hospitales, miembros de asociaciones, parroquias y ONG,s...............a día de hoy dos Directores Generales del Gobierno de Aragón y dos concejales del Ayuntamiento de Zaragoza ,uno del PSOE y otro del PP).

Dejé de formar parte de su estructura en 1991. Pero no ha pasado un agosto desde 1978 que no pase algún día a la sombra del Posets, el Montó, el Bachimala, los Batouas, y suba hasta Viados a sentarme ante el atardecer más bonito de todo el Pirineo.

Para mis hijas querría un campamento como este. Pero, al margen de que la coyuntura no sea la misma............... hoy en día ya no se llevan esos campamentos.

Las instalaciones siguen existiendo................. siguen acogiendo otros grupos, otros campamentos............ pero es que el campamento no es algo............. éramos nosotros.
“Acampados siempre alegres....................... Siempre Unidos”.

Jorge Gracia Pastor

miércoles, 1 de julio de 2009

Mis historias del Café de Levante de Zaragoza




El programa “La Vida sigue igual” de la Televisión Aragonesa rendía hace unas semana homenaje al centenario Café de Levante. Nos recordaba como se abrió, pegado a la Puerta del Carmen en 1895, para pasar en 1927 al Paseo Pamplona 9 y establecerse en 1977 en su actual ubicación de la calle Almagro 2.

Alrededor de sus (afamadas) horchatas sobre uno de sus viejos veladores de mármol reunieron a sus dueños, Carlos Blázquez y Pilar Peñafiel, historia viva del café, los íntimos amigos de mis padres, a los que nos une una relación familiar, como la que siento por el Café. Allí somos tratados como sobrinos, y de hecho, en una de las fotografías que ilustraban el reportaje, salía el cabezón (en el sentido más literal de la palabra) de mi hermano Kiko, además de salir toda la familia en la foto conmemorativa del centenario que se hizo en 1995 en la Facultad de Medicina.

“Cuantas historias podría contar esta mesa”, decía, al igual que uno de los personajes de La Colmena, el televisivo presentador. Seguro....... y si a Carlos Blázquez le das pie será un hablar por no callar. Eso si, doy fe de que el mármol de la mesa no procede de ningún campo santo, como los de la novela de Cela.

Alguna de las historias del Levante, las oficiales o la de los intelectuales oficiales de la ciudad, se recogen en el libro de Herminio Lafoz La Vida o el Café de Levante (1996), pero luego están las otras, las de tantos y tantos clientes habituales o camareros que han pasado a lo largo de más de 110 años.

Yo mismo, ahí celebré mi comunión, o el bautizo de mi hija Lucía. Incluso, mientras estudiaba la carrera, allí gané mis primeros duros. Iba a la hora del cierre, a servir las últimas consumiciones y llenar las neveras para la jornada siguiente, mientras escuchábamos a Carlos Herrera y su programa de coplas. Y los domingos al vermut por unas 200 pesetas la hora. Posiblemente tenga el honor de haber sido el camarero más torpe de toda su historia.

Por eso será mejor que calle anécdotas y recuerdos, pues no tengo porque enturbiar el prestigio de tan singular local. Además, mi hermano Carlos te las puede contar con mucha más gracia. Seguro que ya se las has escuchado mil veces, y si no pregúntale por la bayeta y la horchata, o que pasaba con las salmueras, por los cafes variados de las abuelas, por las recenas del verano que terminaban con farias o incluso en San Fermín con el tiempo justo de volver a subir la persiana y empezar a servir cafés, granizados, leches merengadas, mezclae, mulatos y esa estupenda tortilla de patata que a veces era de mi madre. El único sitio donde las tortillas saben igual que las de casa.
Jorge Gracia Pastor